
Estoy seguro de que San Sebastián es la única ciudad de la Unión Europea donde un policía municipal le puede obligar a una señora, que va por la calle con un carrito de la compra, a que le enseñe cuál es el contenido de la bolsa. Repito: policía local, no policía del Cuerpo General de Policía o miembro de la Guardia Civil. Todavía peor: si la señora con el carrito de la compra extrae un bocadillo, envuelto en papel de aluminio, y se lo entrega a una persona a la que conoce, y sabe que pasa hambre, el policía municipal tiene órdenes de exigir la identificación a la señora y, tras tomar nota, anunciarle que recibirá una sanción por ejercer la caridad en la vía pública. ¿Y quién le ha ordenado a la policía municipal de San Sebastián que lleve a cabo un abuso de autoridad, y cometa un delito? Pues el Ilustrísimo señor, don Jon Insausti Maisterra, alcalde de San Sebastián.
Todo esto viene de que, anteriormente, prohibió a la asociación KAS que repartiera cenas a 300 personas carentes de recursos, todas las noches. Prometió que el Ayuntamiento les daría de cenar, pero no cumplió la promesa. Los caritativos asociados de KAS, viendo que el hambre no se mitigaba, decidieron hacer bocadillos, bajar a la calle, y repartirlos. De ahí el uso de los carritos de la compra, pero a ver si te crees que la policía es tonta, y menos si tiene como jefe a una persona lista y de buena preparación. Es tan listo que, según me dicen, con los treinta años recién cumplidos, ya cobraba 79.642 euros anuales como concejal y, ahora, como alcalde, ha pasado a percibir 97.000 euros anuales, entrando a formar parte de la lista de los cinco alcaldes mejor pagados de España.
A pesar de que el Ilustrísimo señor alcalde no es pobre, tampoco les tiene manía a los pobres, que conste, y esto de dejarles sin cenar, primero, y sin bocadillos después, se debe a que cuando aumentan los pobres aumentan los delitos, según ha informado. A mí me parece que un pobre hambriento es mucho más peligroso que un pobre que, al menos, ha cenado, pero no poseo la preparación y los conocimientos de este joven y, lo reconozco, mi nómina es más humilde que la suya. A mí lo que me preocupa es que, con esta honda preocupación por la seguridad ciudadana -y dada su desacomplejado autoritarismo- nos salga un día, diciendo como John Wayne lo de "El mejor indio es el indio muerto". Trasladado a los pobres, no hay duda. El pobre muerto, ni necesita bocadillos, ni es capaz de cometer un delito.
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