Pedro Sánchez ha tenido siempre un solo objetivo, sobrevivir. Y hasta ahora lo ha conseguido. Para lograrlo, siempre ha puesto sus intereses personales por encima de cualquier otro. En el entorno familiar, en el partido, en el gobierno y, ahora, en las próximas elecciones. Nunca ha dudado en arrasar todo aquello que le podía impedir alcanzar su objetivo. Lo hizo dentro del PSOE después de ser lanzado de la secretaría general por tramposo y no ha parado hasta anularlo por completo y destrozar su esencia. Primero eliminó toda oposición interna, colocó a sus fieles en los puestos clave, y "mató" y dijo no conocer a los que ejecutaron sus deseos desde las cloacas del partido.
Ahora está trabajando para lograr un resultado que, aun perdiendo por goleada, le permita seguir controlando con mano de hierro Ferraz y que nadie se levante contra él. Las elecciones no son para que siga gobernando el PSOE, con la suma de otros, sino para asegurarse el control de los suyos y ser más fuerte ante la avalancha judicial que se le viene encima. Los votantes socialistas deberán elegir entre el socialismo o Pedro Sánchez.
En ese aprovecharse de la oportunidad y cambiar "el relato", en lo que es un maestro, se va a llevar por delante a la práctica totalidad de sus socios de conveniencia. De hecho, nunca ha actuado con lealtad ante ellos y sólo ha ido comprándolos y ganando tiempo para seguir en el poder. Ha convocado las elecciones en el peor momento de Sumar, sin liderazgo, dividido, desnortado, ninguneado en el Consejo de Ministros y con unas expectativas electorales tremendamente bajas.
A Sánchez lo único que le importa en estos momentos es arrancar todos los votos que pueda de la extrema izquierda para tapar el agujero de los que va a perder por su fracaso político. Ya lo hizo con Podemos antes. Fortaleciendo a Bildu, con ERC el único partido de la coalición de gobierno que ha ganado con Sánchez ha llevado al PNV -el partido de derechas de toda la vida, que provocó el vuelco electoral al traicionar al PP y que dejó que ETA hiciera el trabajo sucio del que se aprovecharon ellos- a perder su hegemonía en el País Vasco. Bildu, el partido heredero de los asesinos de ETA, ha sido aupado por el PSOE al poder en Navarra y blanqueado y convertido en pieza esencial en el Congreso de los Diputados.
Ese Junts, la otra derecha de toda la vida, se puso en las manos de Sánchez lo extorsionó para lograr la amnistía de los delincuentes políticos que intentaron dar un golpe de Estado, va a pagar el precio de apoyar al presidente siendo borrado del mapa por la ultraderechista Aliança Catalana de Silvia Orriols, que gracias a las políticas de Salvador Illa y de su jefe en Madrid están cada día más cerca de igualar en votos al PSC y mandar a Junts a casa. A Sánchez le preocupa Vox pero no tiene una palabra de repulsa para quien va a poner a Cataluña en la indignidad y el extremismo más destructivo. Quien, nada más llegar al poder, construyó un muro contra la mitad de los españoles y los ha dividido en buenos y malos, es el responsable de hacer lo imposible para que Vox crezca para dañar al PP. Su odio a la derecha es tan grande como su facilidad para mentir y engañar.
Los que le han apoyado son responsables de la peor etapa de la democracia en España, del deterioro de instituciones fundamentales como el Parlamento o el Tribunal Constitucional, del acoso a los jueces y a los medios, de la incapacidad para aprobar unos Presupuestos en toda una legislatura, de la falta de control al Gobierno -nunca responde a lo que preguntan- o de la no convocatoria del debate sobre el estado de la nación. Devastar, asolar, aniquilar, destruir, arruinar. "Arrasa con el presente como si fuera lo único que te pertenece". Lo dijo Napoleón Bonaparte. Lo está haciendo Pedro Sánchez con la colaboración imprescindible de quienes han sostenido su Gobierno y de quienes, dentro del Partido Socialista han callado y siguen callando por miedo o por supervivencia. El gran peligro de Sánchez es pensar que la fidelidad de unos y de otros está asegurada incluso aunque pierda el poder.
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