El hodio y los socios del Gobierno

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 ¿Se acuerdan de la fastuosa presentación de "Hodio", la herramienta del Gobierno para señalar públicamente a quienes difundan, miren hacia otro lado o hagan negocio con los discursos de odio en la redes sociales?

Fue hace poco más de cien días en un acto público en el que Sánchez compareció con varios ministros y la compañía imprescindible de Sarah Santaolalla, esa mujer que grita y agrede a alguien siempre que habla. "Hodio" iba a ser la huella digital contra el odio y la polarización en redes sociales. Aunque era marketing, la idea no es mala: las redes sociales son un ejército de kamikazes contra la verdad. Aquellos aviadores se mataban en la operación.

En las redes sólo sufren las víctimas y los agresores casi siempre son anónimos. ¿Saben ustedes algo sobre los resultados de la herramienta gubernamental? No es de extrañar. El presidente ha prometido construir miles y miles de viviendas en repetidas ocasiones y el problema sigue como estaba. También anunció ayudas para la compra de coches eléctricos y ha tardado seis meses en aprobarlas. Y cada año dice que va a presentar los Presupuestos, aunque nunca lo hace. Anunciar es mucho más barato que hacer y el resultado siempre es bueno: simular que hacen aunque no hagan nada.

Odio, lo que se dice odio es lo que se ha vivido en el País Vasco y Navarra intentando impedir la masiva exhibición popular de orgullo por un equipo, por una selección y por un triunfo deportivo. Prohibiciones para que no pusieran pantallas de televisión en las calles, agresiones violentas por encapuchados en Bilbao y Pamplona a ciudadanos que estaban viendo el partido, y hasta la prohibición por la Diputación de Alava de que un grupo de niños, muchos con la camiseta de España, pudieran ver por televisión la final del Mundial. Son los socios del Gobierno, los que mantienen a Pedro Sánchez en la Moncloa, los que permiten ese terrorismo callejero y también ideológico, los que siguen ganando la batalla a las víctimas de ETA.

Ni el Partido Socialista vasco, ni el Ministerio del Interior han hecho ni siquiera una condena de esos incidentes. Pero es que otro socio de Sánchez, el PNV, juega en la misma liga. Pocos días antes de la final, cuando le preguntaron al lendakari del País Vasco, Imanol Pradales, quién era su candidata para ganar la final, respondió: "que gane el mejor". Y una vez que ha ganado la mejor selección, Pradales guarda silencio. ¡Qué mal tiene que sentar que la inmensa mayoría de los ciudadanos en el País Vasco y en Cataluña hayan vivido la alegría de un éxito de la selección de España! Y qué miserables son los que tratan de impedirlo.

Lo mismo sucede en Cataluña. Un independentista que quiere irse de España pero que hace lo que sea por seguir siendo diputado en el Congreso y por continuar extorsionando al Gobierno de Pedro Sánchez, un tal Gabriel Rufiàn, quiere encabezar una coalición españolista de izquierdas y anda muy preocupado por un posible Gobierno del PP y Vox. Haría bien en preocuparse más por el ascenso del Vox independentista catalán, la Aliança superultraderechista de Silvia Orriols, que amenaza con comerse a Junts, al que no sólo le está quitando los votos sino también los concejales. Es ya la tercera fuerza polìtica. Como Vox en España. El peor nacionalpopulismo lo tienen los catalanes en casa. Cuidado con los que odian a los españoles porque no están libres de ser odiados y señalados. Y es que el Hodio gubernamental no trae nada, pero el odio real solo provoca más odio. Y lo que los españoles necesitamos es trabajar juntos, en equipo, como la selección. Vascos, catalanes, andaluces, madrileños y demás unidos y dando ejemplo. ¿Aprenderán algún día? ¿Aprenderemos todos?


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