España, cuyo presidente se encuentra cuando esto escribo entre Sudáfrica y Angola, de ninguna manera puede encogerse de hombros ante lo que vaya a ocurrir en Venezuela, quizá en los próximos días, puede que en las próximas horas.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha vuelto a encender las alarmas.
Hemos vivido horas de exaltación monárquica a cuenta, curioso, del aniversario del fallecimiento de Franco.
Las dos Españas se instalaron este viernes también en el Congreso de los Diputados, el mismísimo corazón de la democracia.
Como dice Andrés Trapiello, vivíamos bien sin Franco, pero sin franquistas y antifranquistas viviríamos todavía mejor.
Decía Octavio Paz que para hacerse antipático bastaba con tener razón antes que los demás.
Si la muerte de Franco hubiera sucedido con un PSOE semejante al que lidera Pedro I, El Mentiroso, la Transición hubiera sido imposible.
Tal día como hoy hace cincuenta años, había una cola larguísima en el Palacio de Oriente para ver a Franco embalsamado en su ataúd.
Santos Cerdán tomará el turrón en casa, por decisión del juez Leopoldo Puente, que no aprecia ya riesgo de destrucción de pruebas ni de fuga en el ex 'número tres' del PSOE y hombre de confianza --.
Sí, señores, era lo que parecía. Una verdadera industria de la desvergüenza en la que estaban los tres tenores: Ábalos, Cerdán y Koldo.
Nunca me ha gustado la caza, especialmente cuando al cazador le sientan en una silla y le ponen las piezas delante de sus ojos.
Los casos de corrupción siguen marcando, impregnando y contaminando la crónica de la actualidad política española.
La reciente revisión al alza por parte de la Comisión Europea de sus previsiones para el PIB y el empleo en España -2,9 % en 2025 y una caída del paro al 10,4 %, según Bruselas- podría parecer una buena noticia.
La comparecencia este lunes del aún presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón, en una comisión del Congreso de los Diputados sirvió no tanto para hundir (más aún) a Mazón cuanto al funcionamiento de nuestro Parlamento.
El Gobierno, por boca del tri ministro Félix Bolaños, celebraba como un triunfo que el abogado del Tribunal de Justicia de la Unión Europea hubiera concluido que la Ley de Amnistía aprobada en 2024 es compatible con el Derecho europeo.
Me produce una cierta mezcla de compasión y desprecio ese errabundo sendero del ministro de Cultura, empeñado en que se prohíban las corridas de toros, y en que los pueblos hermanos de América se rebelen y protesten contra España, naturalmente en español, aunque puede que el ministro preferiría que lo hicieran en catalán.
Por mucho que el abogado general de la UE haya desbordado lo planteado en dos cuestiones prejudiciales concretas (terrorismo y afectación de fondos europeos), me gustaría saber en qué parte del dictamen de Dean Spielmann, encuentra el prófugo de Waterloo el punto de apoyo a su reclamación para quitarse de encima la orden de busca y captura que obliga a las policías judiciales a detenerle y a ponerle a disposición de los tribunales españoles.
Las izquierdas populacheras que se alzaron con el poder en gran parte de Hispanoámerica están desplomándose de manera acelerada.
Los médicos del Sistema Nacional de Salud están en pie de guerra. Rechazan el proyecto de la ministra Mónica García para reformar el Estatuto Marco que regula las condiciones laborales del personal médico y sanitario.
Nos disfrazamos todos. Y no sólo en Halloween, otra que nos han metido los americanos, o en el Carnaval.
Nunca, desde hace muchos años, había visto tantos retratos de Franco en los periódicos y en las teles.
La abstención de Junts en la votación de la enmienda del PP para impedir el cierre programado de las centrales nucleares propició su caída y vuelve a instalar a España en una incertidumbre que ya resulta insostenible.
Los periodistas estamos de moda. Un día, el testimonio de algunos compañeros se convierte en fundamental en el 'juicio del lustro' contra el fiscal general y otro nos andan llamando para que testifiquemos, de manera distinta, claro, como partes de la Historia.
Sánchez ha conseguido inocular en la opinión pública la fundada sospecha de que la Fiscalía actúa por obediencia debida al Gobierno ("pues, eso.