El que espera se desespera. Al respecto de las posibilidades que tiene el PP para llegar a La Moncloa, en los comentarios de los lectores de los medios digitales conservadores se perfila algo parecido al desánimo en relación con el equipo que encabeza Alberto Núñez Feijóo.
Los de la orilla izquierda andan muy preocupados por el progresivo deterioro de la Universidad Pública* en la Comunidad de Madrid, donde "casualmente" gobierna Isabel Díaz Ayuso.
Como cada año, Pedro Sánchez y muchos de sus ministros se reunirán en estas fechas navideñas -el miércoles, concretamente, en esta ocasión-con bastantes periodistas para tomar una copa en La Moncloa.
La presidenta de la Comisión Europea se hizo estos días en Montevideo una bonita foto con los cuatro presidentes de los países que componen Mercosur: Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Mantuve una polémica en la radio de Herrera con el columnista Salvador Sostres y Francia fue, esta vez, el motivo.
En países de trayectoria y conductas democráticas más arraigadas que en el nuestro los ciudadanos desconocen los nombres de los magistrados que presiden los tribunales.
Algún día la Historia nos culpará a todos, políticos, periodistas, la escasa sociedad civil activa que queda, por la irresponsabilidad de, ante la nueva era que de manera clarísima se ha abierto ante nosotros, haber mantenido las viejas formas, la vieja política, y no haber abierto carpetas nuevas.
De las diez cuentas corrientes a su nombre, doña Begoña Gómez de Sánchez sólo tiene 40 euros de saldo, en una de ellas.
¿Una reforma constitucional? Cada año, por estas fechas, escribo a favor; qué cansancio, Señor.
A Óscar López le ha colocado hace poco Pedro Sánchez al frente del Ministerio para la Transformación Digital y la Función Pública, convencido de sus conocimientos técnicos, su experiencia y su valía personal y profesional.
Líbrenme los dioses de establecer maliciosas comparaciones de la política nacional con el culebrón surcoreano.
Los periodistas siempre nos ponemos en guardia cada vez que se nombra a un nuevo secretario de Estado de Comunicación.
Desde la perspectiva de su tiempo -la primera mitad del siglo XX-, Antonio Gramsci apuntaba que, para alcanzar la hegemonía política, primero había que conseguir la hegemonía cultural.
La actualidad devora las noticias, un asunto tapa a otro mientras que el siguiente aguarda turno.
El Gobierno sigue poniéndose medallas con la evolución de la economía en nuestro país. Lo hizo el propio presidente del Gobierno este fin de semana en el congreso de la vergüenza y la exaltación de la figura del líder y también de los imputados y condenados por corrupción.
ALdama, ALvise, ALvaro García Ortiz y, bueno, ya en plan chistoso, si cabe, ALbalos. Todos ellos desfilarán más tarde o más temprano -en las dos próximas semanas bajo la atenta mirada de ALejandro Luzón, fiscal anticorrupción, por las dependencias del Supremo, anticipando días incómodos para ALgunos en el entorno de La Moncloa.
Los finos analistas no suelen reparar en el generalizado malestar de la Judicatura por la desautorización del Gobierno al Tribunal Supremo que condenó a los máximos responsables del intento secesionista de octubre de 2017.
He escuchado en algunas radios tremendas invectivas contra el padre Angel García, sí, el famoso 'padre Angel', que aparecía este fin de semana en muchas portadas fotografiado en la segunda fila del congreso del PSOE, preciosamente detrás de Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez.
Siempre se ha dicho que no había nada más atrevido que la ignorancia. Seguramente el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero ignoraba que la consigna que proclamó en el Congreso Federal del PSOE celebrado en Sevilla -"La lealtad por toda regla"- tenía derechos de autor y tenebrosos antecedentes.
Hoy nos despertamos con una avalancha de titulares incendiarios sobre la Cumbre Transatlántica Antiabortista celebrada en el Senado. Lo curioso no es solo el debate que este evento suscita, sino cómo los medios de cierta “progresía ilustrada” han decidido abordarla. En un admirable ejercicio de su habitual pluralidad y tolerancia, muchos no han dudado en despacharse a gusto con etiquetas y descalificaciones. Pasemos revista, que hay tela que cortar.
El Congreso del Partido Socialista en Sevilla ha sido superficial, banal, de homenaje al líder, de confirmación de que no se hacen los cambios imprescindibles ni se aparta a los que están bajo una sospecha creciente de corrupción, de aplausos y de un lugar en primera fila a los que fueron condenados por defraudar 680 millones, aunque luego fueran indultados por el Tribunal Constitucional de Conde Pumpido.
Pedro Sánchez, se ha dicho ya tantas veces, es un resistente. Hizo del congreso del PSOE un acto numantino: todos contra nosotros.
Las 81 veces que el Gobierno de Sánchez ha subido los impuestos ha llenado las arcas públicas.
Pocas veces se habrá visto a un partido gobernante en Europa afrontar su congreso nacional con las presiones y tensiones con que lo ha hecho el PSOE.