Hablar, escuchar y ver son tres herramientas indispensables de las que disponen las personas para conducirse en la vida.
Si aceptásemos que Pedro Sánchez ha unido su destino político al de 'su' fiscal general del Estado, concluiríamos que esta va a ser una semana mala, muy mala, para el presidente del Gobierno, porque lo va a ser para el fiscal, Alvaro García Ortiz y, en general, para la Fiscalía.
El Gobierno mantiene a millones de ciudadanos en vilo después del fracaso cosechado en el Congreso de los Diputados con el decreto ómnibus en el que, por razones meramente estratégicas, de degaste de la oposición, mezcló más de 80 medidas.
Con curiosa unanimidad, el Gobierno, la oposición y los sindicatos se han lanzado a acusar al de enfrente de tomar a los pensionistas, y a los ciudadanos en general, como "rehenes".
La sonada intervención telemática de Donald Trump en el Foro de Davos podría resumirse con arreglo al significado de un viejo proverbio: "El que avisa no es traidor".
Mantuve hace algunas horas una larga conversación con alguien que tiene un puesto privilegiado en la estructura comunitaria de Bruselas.
Hay codazos por encabezar la cola de los estupendos. La carrera por ser más progre que nadie es grotesca.
Primero, conste que esto no es ninguna crítica a colega alguno, y menos aún, claro, a mi jefe y amigo Carlos Herrera.
Ese deporte, el fútbol, que tradicionalmente poseía un tinte machista y, en ocasiones, hasta bronco, está lleno de cobardes.
Hay que ser objetivos. Nadie puede negar la pasión del Gobierno de Pedro Sánchez y de su ministro Bolaños por la justicia.
Con la normalización del despropósito en la vida nacional es inevitable procesar las intenciones del Gobierno.
Diríase que a quien investiga el juez Adolfo Carretero es a Elisa Mouliaa, la denunciante de un presunto delito de agresión sexual, a tenor de la naturaleza y el tono del interrogatorio a que la sometió en el curso de la instrucción del caso.
Asisto a la inauguración por los reyes de Fitur, la feria del turismo por excelencia, que es el gran negocio de España.
Corren tiempos en los que no resulta extemporáneo recordar que una democracia consolidada es aquella en la que hay división de poderes, libertad de prensa, la alternancia está asegurada y hay normas no escritas que los principales partidos políticos respetan.
Si tuviéramos que resumir en una idea el programa que anunció Donald Trump en su discurso de investidura como presidente de los Estados Unidos, habría que hablar de una enmienda a la totalidad de las políticas aplicadas por el Partido Demócrata durante la presidencia de Joe Biden.
El asalto a Telefónica llevado a cabo por Pedro Sánchez en el Palacio de La Moncloa tiene antecedentes, aunque la resistencia del protagonista fue otra, algunos actores fueron los mismos y el escenario principal elegido para la conspiración idéntico.
Que alguien cierre la puerta al salir. Eso parecen decir los usuarios que todavía permanecen en X, mientras medios progresistas y personalidades 'woke' huyen despavoridos de una plataforma que ya no pueden dominar ni censurar a su antojo. La llegada de Elon Musk al timón de la red social, y con ella su insistencia en convertirla en un bastión de la libertad de expresión, ha hecho que las élites progresistas se atraganten con su propio dogma.
El regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos es un parteaguas político llamado a marcar un antes y después en las relaciones internacionales.
Las proclamas propagandísticas de Sánchez los fines de semana suelen topar cada lunes con las realidades cotidianas.
No le falta agudeza a nuestro ministro de Exteriores cuando se refiere a Europa como "un faro de la democracia" antes de soltar un misil contra la "internacional ultraderechista" (Pedro Sánchez dixit) reunida este lunes en Washington para asistir a la toma de posesión de Donald Trump.
Difícil escapar de los titulares algo apocalípticos en un día como el de hoy.
Parece cada vez más acorralado por Puigdemont y los suyos, por sus pelas con Sumar y Podemos, por los escándalos de su familia, por los de "su" fiscal general, cada vez más cerca de la imputación, pero también parece incombustible.
No, Pedro Sánchez, como, por otra parte, la mayoría de los primeros ministros europeos, no estará en el Capitolio asistiendo a la toma de posesión del hombre más poderoso del mundo.
El presidente del Gobierno ya no se conforma con asimilar la marcha de la economía a una moto o a un cohete.