Hubo unos años en los que Madrid acababa en Nuevos Ministerios, en los que el Paseo de la Castellana era la pasarela donde circulaban los carruajes de los aristócratas o los primeros coches a motor de España y en los que un Gobierno decidió regalar a un rey un hipódromo, el de la Castellana.
Fueron los años de la Restauración (1874-1931) y están condensados en el libro "El hipódromo de la Castellana" (Turner) que el historiador Ignacio González-Varas acaba de publicar. En él, bajo el hilo conductor de la hípica, González-Varas presenta una obra "abierta para quien quiera conocer la Historia de Madrid y de España", según ha explicado.
El hipódromo de Castellana, en funcionamiento desde 1878 hasta su demolición en 1933, "fue como la tribuna de hoy del Santiago Bernabéu" y donde se discutió sobre "la pérdida de las colonias españolas, la guerra de Marruecos o la dictadura de Primo de Rivera", explica el historiador.
A través de una cuidada selección de fotografías de la época, la obra recorre los 55 años del hipódromo desde su precipitada construcción -se alzó en apenas un mes y medio- como un regalo del Gobierno de Cánovas del Castillo al rey Alfonso XII, gran aficionado a la hípica, por su boda con María de las Mercedes.
Allí, según González-Varas, se instauró la corte alfonsina: "Era un sitio elegante y social, de encuentro de la alta burguesía y la nobleza", como denotan los lujosos atuendos de las mujeres que aparecen en las fotografías que ilustran esta obra.
El hipódromo no solo se nutrió de carreras de caballos. En sus instalaciones, en las que cabían 60.000 personas, también tuvieron lugar otros importantes eventos de la época, como la coronación del monarca Alfonso XIII o los primeros partidos del Real Madrid Club de Fútbol.
Su derribo en 1933 supuso la extinción de "un modo de vida, ya que el eje Castellana cambió de vocación". Pasó de ser un lugar de exhibición a convertirse en el centro financiero de Madrid con la construcción de los Nuevos Ministerios, cuya primera piedra colocó el presidente de la II República, Manuel Azaña.
Sin embargo, el historiador ha explicado que su fin no se debió a causas ideológicas, sino urbanísticas. "Llegó un momento en el que el hipódromo de la Castellana se convirtió en un tapón que no permitía crecer a Madrid", afirma González-Varas.
Más de 80 años después de la desaparición de este emblemático centro deportivo donde galoparon los mejores caballos de la época, solo queda de él un quiosco en la zona al que llaman, como no podía ser de otra forma, 'el hipódromo'.