“La ciudad de las luces muertas” de David Uclés: un recorrido literario por Barcelona

“La ciudad de las luces muertas” de David Uclés: un recorrido literario por Barcelona

Barcelona es una ciudad cosmopolita, musa de pintores e inspiración de literatos de todas las partes del mundo. Es un lugar que no solo se recorre con los pies, sino también a través de las páginas de tantos autores… de García Márquez a Ruiz Zafón. David Uclés (Úbeda, 1992) se inserta en esa tradición, pero no para repetirla, sino para reanimarla.

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Después del éxito de “La península de las casas vacías” (Siruela, 2024), Uclés ha sido galardonado con el premio Nadal 2026 por “La ciudad de las luces muertas” (Ed. Destino). En ella se cuenta la historia de cómo Carmen Laforet, en la Barcelona de la posguerra y antes de convertirse en una de las grandes escritoras del siglo XX, provoca por accidente que en la capital catalana desaparezca la luz artificial y natural lo que propiciará que personajes históricos (filósofos, arquitectos, pintores, escritores…) vuelvan a la vida. El libro relata las consecuencias y la decadencia de una ciudad que ha sido consumida por la guerra civil.

El autor no ha sido premiado por escribir una novela convencional. Para empezar, esta es una obra que tiene varias capas. Por un lado, se habla de la “salvación ficcional” de la ciudad y por otro lado se pretende recuperar la memoria histórica de Barcelona. Además, es un libro difícil de categorizar en cuanto al género. “La ciudad de las luces muertas” presenta tintes surrealistas, futuristas e incluso de ciencia ficción, sin dejar de ser profundamente realista.

El lenguaje está cargado de simbolismos y de figuras retóricas; su prosa, cuidadosamente elaborada, revela la clara voluntad del autor de otorgar primacía a la dimensión estética. La forma que tiene Uclés para relatar esta historia se sustenta fundamentalmente en el uso de la metáfora. Así, este recurso no solo embellece la obra, sino que permite generar el mensaje que rodea la trama principal: la representación del fascismo como una oscuridad total.

De hecho, se puede ver cómo en la novela aquello que otorga luz es lo que está estrechamente vinculado con el arte y con la libertad. Así sucede, por ejemplo, con la claridad que emana del cerezo (elemento que se toma de “Nada”, la obra de Laforet) y que simboliza el renacimiento y la vida, o el blanco puro de las obras de Lluïsa Vidal. En contraposición, se proyectan las sombras de los misiles y se describe la negrura que rezuma todo lo relacionado con las devastadoras consecuencias de la guerra: “Cuando el militar pronunció la palabra hambre, se oscureció el cielo un poco más si cabía”. Asimismo, el recurso de la personificación destaca entre los demás porque la ciudad se levanta como si cobrará vida propia y con ella todas sus edificaciones.

El autor ocupa gran parte de la novela en describir con detalle el paisaje urbanístico de la ciudad. Para poder evocar una imagen clara del espacio, se describe la arquitectura barcelonesa sumergiéndose primero en su historia, en cómo fue creada, en el material del que está hecha, en su época… Para poder visualizar la perdurabilidad que ha tenido a lo largo del tiempo. Llama la atención algo que dice la tía de Carmen Laforet al inicio de la novela y es que “las almas de los muertos se apegaban a cualquier material vivo”. Es al final eso lo que se trasluce en esas páginas: la ciudad es un rastro de aquellos que ya no están.

En la novela aparece una gran variedad de personajes que son sobradamente conocidos, a la ya mencionada Laforet, se suman Salvador Dalí o Rubén Darío entre muchos otros, lo que justifica que no se insista en su caracterización profunda y detallada. Los personajes aparecen fugazmente y pocas veces se manifiestan una vez que han cumplido con su objetivo. No obstante, el autor sí se ocupa de evocar los rasgos esenciales de su personalidad y de aludir a sus respectivas producciones artísticas y literarias, integrándolas en el tejido narrativo. La finalidad de la obra no es el desarrollo individual de ellos, sino construir un personaje colectivo para transmitir el mensaje de que la ciudad ha logrado persistir gracias al compromiso y la labor de distintas generaciones de artistas e intelectuales. Cada una de las personas que aparecen en la novela aportan su granito de arena y más tarde desaparecen para dar paso a las siguientes.

Por otro lado, cabe destacar la aparición del propio escritor como otro personaje más de la novela, así como la insinuación de que la catástrofe que se da lugar en el libro podría “ser fruto de la imaginación de una sola persona”. Estas características presentan una dicotomía interesante entre realidad y ficción en la obra. Asimismo, el narrador hace referencias metaliterarias. Se mencionan expresamente los pasajes del libro, las páginas y los capítulos como si el que cuenta la historia tuviera también el libro en sus manos.

Por último, el autor busca que la experiencia lectora sea sensorial y por ello, en algunos de los capítulos, el narrador (aunque en realidad puede ser también el autor dirigiéndose directamente al lector) recomienda canciones para que sean la banda sonora de esos pasajes.

Es un libro donde lo literario y lo real se entremezclan y conviven como si fueran una misma cosa. Al igual que las diferentes generaciones de artistas cuyas obras han sido la inspiración del jienense, quien ha sabido transmitir de una manera única su amor y su admiración por Barcelona, “la ciudad de las luces muertas”.

@estaciondecult