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Entrevista a Julen Berrueta, autor de “Un amigo en el infierno”

Entrevista a Julen Berrueta, autor de “Un amigo en el infierno”

Julen Berrueta (San Sebastián, 1996) se graduó en Humanidades y periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid. Ha escrito en distintos medios como la revista CTXT y el diario “El Salto”. También ha trabajado como redactor en la sección de cultura de “El Español”. Este periodista, especializado en historia contemporánea, se lanza a la narrativa de ficción con su primera novela: “Un amigo en el infierno” (Espasa, 2023)

El libro, basado en testimonios reales, sigue la trayectoria de un grupo de republicanos españoles que se ven forzados a salir de España tras ser derrotados en la Guerra Civil. A través de los ojos de Alfredo Morales, el protagonista, podemos acompañar a este pintoresco grupo en un largo recorrido que comienza con su exilio en Francia, pasando por Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, y termina con la reclusión de estos en un campo de concentración soviético. Allí se topará, además, con algo totalmente inesperado: compartir campo con otro grupo de españoles, esta vez, excombatientes de la División Azul.


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El libro comprende un tramo de la historia muy concreto. ¿Cómo surge tu interés por este momento preciso?

Investigando, porque soy un friki de las fuentes primarias, encontré que había un grupo de republicanos que había estado en el gulag soviético. Me parecía curioso, chocante e incluso contradictorio. Porque al final los republicanos habían recibido el apoyo de la Unión Soviética en la Guerra Civil. Tiré del hilo y vi que era gente que había vivido la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial e incluso la Guerra Fría y me pareció un “historión”. Entonces, tracé la línea de ellos, y lo que salió fue el período que va desde el 1936 hasta 1954.

De hecho, el contexto histórico aparece muy detallado. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación? 

Busqué primero memorias de los supervivientes, diarios que habían dejado. Después, archivos históricos. Y luego, aparte de ese trabajo de investigación, conseguí contactar gracias a la Asociación de Memoria Histórica con algunos supervivientes, concretamente con una nieta de uno de ellos y una sobrina nieta de otro. Toda la documentación ha sido a partir de ahí realmente.

Habrá sido muy interesante tener contacto con esos testimonios, que si bien no directos sí son increíblemente cercanos. ¿Has recibido alguna opinión sobre tu libro de alguno de estos descendientes?

Sí. Sí que les emocionaba, les gustaba y les parecía trascendental que estuviera su abuelo o su tío abuelo en un libro. Ya se les mencionaba en algún otro libro que hay sobre el tema, pero de forma, digamos, documental. Se decía el nombre y ya. He querido contar sus vidas también. Y para ellos era necesario, porque es algo que en sus familias no se habla, una especie de tabú. Sus abuelos desaparecieron y de repente se supo que habían estado en el gulag soviético o por Alemania en la Segunda Guerra Mundial. He recibido por parte de ellas agradecimiento de sentir que su nombre por fin está en la historia.

Dentro de la novela, los personajes del grupo de republicanos tienen, cada uno, un carácter muy diferente. ¿Dirías que cada personaje podría representar una actitud distinta hacia la guerra?

Es verdad que hay una especie de personajes muy marcados. Por ejemplo, Alfredo Morales, el protagonista, es bastante contradictorio, reflexivo, quiere controlar la situación en todo momento. ¿Por qué? Porque se siente débil. No es una persona grande como puede ser Ernesto, que siempre va con todo para adelante. Por otro lado, la oposición a Alfredo, que es Garmendia, el falangista, es una persona muy pausada, intelectual, que controla muy bien los tiempos, pero que tiene mucha más confianza en sí mismo que Alfredo. Entonces, la visión de cada uno sobre la guerra es diferente. Garmendia defiende la violencia porque básicamente el falangismo defiende siempre esa agresividad. Mientras que Alfredo es más tranquilo, es un pacifista. Entonces, se presentan diferentes visiones para que el lector pueda empatizar con uno más o menos, o entender qué piensan, aunque no les parezca bien.

Debe haber sido muy complicado meterse en la psicología de estos personajes que vivieron una situación tan devastadora. ¿Cómo ha sido meterse en su piel?

Claro, yo vivo en Madrid, tengo 26 años y no conozco un campo de concentración. Nosotros no podemos saber cómo lo vivían. Entonces, lo que hice fue leer en las memorias las anécdotas que ellos contaban: cómo hacían algún chiste sobre que estaban a -20º, cómo hacían carreras de piojos. Hacían juegos, lloraban, intentaban sobrevivir. No me imagino actualmente a una persona viviendo dos guerras, varios cautiverios, temperaturas de -20º. Y que después esa gente salió viva y cuerda. Es verdad que luego tenían sobre todo daños físicos, muchos murieron a los pocos años debido al debilitamiento del cuerpo. Pero sobre el trauma, que lo he investigado un poco, no hay tanto. Sí que había muchos alcohólicos al volver, tenían ataques de ansiedad, se despertaban por las noches.

Me ha llamado mucho la atención el personaje de Ángel, ese niño que solo conoce la guerra. ¿Qué intentas transmitir con este personaje?

Ángel está basado en José Luis. Están todos los nombres reales detrás del libro. Me alucinó la fecha de su nacimiento, es decir, que desde que era niño, desde que tenía uso de razón, había vivido en un país en guerra, y además lejos de España. Él era español, pero había vivido en Alemania y luego en la URSS. Y no paraban de hablarle de España, de una tierra que él desconocía, pero de la cual provenía. Se suponía que tenía que defender el republicanismo español porque su familia era republicana y había tenido que exiliarse, a la vez que no sabía lo que era eso. Además, el hecho de que siendo un niño estuviese en un campo de concentración de la URSS me parecía tremendo. Entonces, más que qué quería transmitir, lo que quería es que el lector viese que existió, mostrar la realidad. Le cambié el nombre, cambié un par de datos, pero representé básicamente la realidad de ese chaval del que no se sabe nada ahora mismo, pero que por edad podría estar vivo. 

También me gustaría resaltar el personaje de Leonor. Se topan con ella a mitad de camino, en Berlín. Es un personaje que aporta mucha fuerza en uno de los momentos más duros, el campo de concentración nazi, actuando como una conexión al exterior. ¿Qué otros elementos que se encuentran los personajes a lo largo de su viaje crees que dan esa fuerza de seguir adelante y no rendirse?

Es verdad que Leonor ejerce un poco de apoyo. Es una mujer racional, intelectual, que sabe poner a Alfredo en su sitio en algún momento. ¿Qué otros elementos? Pues, sin duda, la pareja de Alfredo, Aitana, es básicamente lo que le hace seguir adelante. Está sufriendo unas penurias tremendas y el hecho de pensar que, si espera, si resiste, a lo mejor va a poder reunirse con ella le da esperanza. Creo que el amor y la esperanza siempre van unidos. El amor por alguien es lo que te hace esperar y esperar tantos años a veces puede parecer hasta irracional. Esto no lo pude poner en el libro, pero leí memorias de divisionarios azules que habían estado 12 años fuera de España, que habían estado cautivos y que la gente daba por muertos, y cuando volvieron había un montón de mujeres esperándolos. 

Me ha parecido importante el mensaje de reconciliación que lanzas en el libro, precisamente en este momento en el que nos encontramos de cierta polarización política.

Sí, y sobre todo en el tema de la Guerra Civil, que casi sabes qué partidos están a favor de ciertas políticas de memoria y sabes qué partidos están en contra. Se politiza la Guerra Civil, que evidentemente es un conflicto político, pero es que el PP no estaba en la Guerra Civil. Entonces, uno se pregunta, ¿Por qué el PP no está a favor de encontrar a aquellos desaparecidos? Es decir, no lo cometieron ellos. No me explico que estén vetando siempre este tipo de propuestas porque no son responsables de ello. Simplemente sería limpiar un poco el pasado de la historia de España.

La novela nos habla también de la vida del refugiado. Los personajes están en constante movimiento y parece que no terminan de asentarse en ningún lado. Desgraciadamente, la realidad de los refugiados de guerra sigue muy presente en la realidad, por ejemplo, con el conflicto sirio o ucraniano. ¿Crees que llegan a encontrar un sitio al que llamar hogar?

Sí, eso también vertebra el libro. Desde el primer momento, Alfredo dice que no sabe lo que significa hogar porque no es un sitio, es un momento concreto, con una persona concreta, en un sitio concreto. Creo que tanto mi personaje como los supervivientes de la historia real encuentran su sitio. España tiene una tradición de marchar fuera. Y enlazando con el principio de tu pregunta, siempre que salía lo de Ucrania y lo de Siria pensaba en que al final España tiene una tradición de exilio y eso no debería olvidarse cuando hay gente que se ve forzada a salir de su país. Es que esa gente no quiere salir de su país. Entonces cuando hablan de ellos en números, los deshumanizan. Hay ciertos partidos en España que usan ese discurso, y los refugiados son personas, familias. Hay que entender una vez más el pasado nuestro de exiliados para empatizar con esta gente.

¿Tienes intención de seguir profundizando en este tema?

Sí, pero con otro enfoque. Porque un señor de mi ciudad de Donosti me contactó y me dijo: “has hablado de mi tío en el libro”. Y me está pasando fotografías, me está diciendo que vivió luego en Alemania, en la del este, la socialista. Un montón de historias. Como creo que van a salir más y más, me planteo quizá hacer un libro sobre esto o una biografía.

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