La catedral de Santa María la Real de la Almudena celebró la solemnidad de la Epifanía del Señor con una Eucaristía presidida por el Cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid.
La liturgia reunió a una amplia representación de la Iglesia diocesana y tuvo como eje central la llamada a buscar a Jesucristo siguiendo el ejemplo de los Magos de Oriente.
Junto al cardenal concelebraron el obispo auxiliar Vicente Martín Muñoz, vicarios episcopales, sacerdotes, seminaristas y diáconos. Numerosas familias y fieles participaron en esta celebración, que recuerda la manifestación de Cristo a todos los pueblos y reafirma el carácter universal del mensaje cristiano.
Durante su homilía, José Cobo evocó la conocida leyenda del cuarto rey mago, que retrasa su llegada a Belén por detenerse a ayudar a quienes encuentra en el camino y que finalmente reconoce a Cristo en la cruz. A partir de este relato, el arzobispo invitó a los fieles a convertirse en nuevos magos, capaces de descubrir a Jesucristo tanto en el pesebre como en el misterio de la cruz y en el sufrimiento humano.
El cardenal subrayó varios rasgos esenciales de la vida cristiana: la capacidad de reconocer los signos de Dios en lo cotidiano, la valentía de abandonar las propias seguridades para seguir su llamada y la importancia de caminar juntos como comunidad. En este sentido, afirmó que caminar en comunión es el mejor antídoto para no perderse en caminos que no conducen a ningún lugar, y destacó el valor del acompañamiento y la ayuda mutua.
José Cobo insistió también en la perseverancia ante las dificultades y en la audacia necesaria para buscar respuestas incluso en lugares inesperados. Recordó que el centro de la Epifanía es la adoración, es decir, el reconocimiento de Dios en la sencillez, de modo especial en la Eucaristía, donde Cristo se hace presente de forma humilde y cercana.
Al concluir, el arzobispo animó a los fieles a abrir sus cofres, como hicieron los Magos de Oriente, y a ofrecer sus propios dones: reconocer a Cristo como Rey, adorarlo como Hijo de Dios y comprometerse activamente con el bien común. “El mundo está lleno de epifanías y necesita muchos más reyes magos: comunidades que sean regalo para nuestra sociedad”, afirmó, invitando a vivir la fe como un don ofrecido a los demás.