La catedral de Santa María la Real de la Almudena acogió la misa jubilar con la que la Iglesia de Madrid conmemoró la IX Jornada Mundial de los Pobres.
La eucaristía, presidida por el Cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, reunió a fieles, voluntarios e instituciones eclesiales, junto a numerosas personas en situación de vulnerabilidad.
Durante la celebración se realizó un gesto simbólico: el depósito en una urna del compromiso de la Iglesia de Madrid de acompañar a quienes sufren pobreza y exclusión. El acto quiso expresar el propósito de caminar junto a los más necesitados, con atención concreta a colectivos y personas que padecen precariedad en la capital y en todo el mundo.
En su homilía, el cardenal Cobo subrayó la necesidad de escuchar las voces y necesidades de las personas empobrecidas. Recordó que el Jubileo invita a revisar el rumbo personal y social, a “entrar por la puerta jubilar” y dejar que Cristo guíe la vida. El salmo proclamado, afirmó, es una oración de esperanza para quienes conocen el dolor.
El arzobispo advirtió sobre el riesgo de construir una sociedad basada en intereses y divisiones, un mundo sin futuro. Señaló que Dios no habita en muros levantados por el odio o la indiferencia, sino que derriba lo que impide la verdad y el amor. En este sentido, citó al Papa para recordar que en los pobres se refleja el sufrimiento de Cristo.
Cobo aludió al informe FOESSA de Cáritas España para ilustrar la continuidad de la exclusión incluso en sociedades avanzadas. Alertó de que casi la mitad de las personas pobres en España trabajan sin poder salir de la precariedad y apuntó a la vivienda como uno de los problemas más acuciantes.
Al término de la celebración, el cardenal exhortó a toda la diócesis a generar signos tangibles de fraternidad y esperanza. Agradeció de manera especial a quienes acompañan a personas vulnerables, a quienes consideró un signo vivo del compromiso cristiano. Invitó, además, a abrir puertas y compartir recursos para construir una sociedad más justa y solidaria.