Un verano de pesadilla y de indignidad

Un verano de pesadilla y de indignidad

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Se va acabando el verano, para los que lo han podido disfrutar, y vuelve la "normalidad": el trabajo, el curso escolar... y el político, sin duda el más caliente de todos. Este verano ha estado marcado por los gravísimos incendios forestales y el reconocimiento de que no tenemos los medios ni la capacidad de gestión para luchar contra ellos, y por la invasión marroquí de Ceuta, con el "descubrimiento" de que este Gobierno nos ha mentido en todo, ha reaccionado tarde, ha cambiado el relato varias veces, ha dado una imagen internacional penosa y, sobre todo, ha demostrado que es incapaz de gestionar una grave crisis que afecta profundamente a la integridad y la soberanía de la nación.

Lo de Ceuta con este Gobierno sólo puede ir a peor. Pero ha sido también el verano de la indignidad. De todo el Gobierno, pero sobre todo de su presidente, encerrado en La Mareta, disfrutando a lo grande y a coste cero de las más largas vacaciones de sus legislaturas como si no pasara nada. Los ministros se han movido a golpe de llamada telefónica del presidente para dar la apariencia de que estaban. Han mantenido versiones no sólo diferentes sino opuestas sobre asuntos nucleares de la Corona, la polìtica y la defensa y han dejado en ridículo a nuestros servicios de inteligencia y al propio Rey de España. El responsable del mando único en Ceuta, nombrado casi un mes después de los hechos, tiene que salir de la Delegación del Gobierno por la puerta trasera. Él y el resto, como el presidente, no se atreven a salir a la calle por miedo a los abucheos y la hartura e indignación de los ciudadanos. No sólo en Ceuta; allí ni hay normalidad ni posiblemente la habrá en muchos meses. El Gobierno aprueba un proyecto de ley para cambiar la ley de asilo después de mantener que no era necesario y sin garantías de que el Parlamento pueda aprobarlo porque no sabe si tiene los apoyos necesarios.

Con un presidente escondido, seguir echando las culpas sobre la derecha y la ultraderecha -solo saben señalar lo que hace mal el contrario- o, gracias a otro ministro indigno, volcar sobre el Rey su propia incompetencia, es un insulto a la inteligencia. Lo de Sumar, tapándose los oídos, la boca y los ojos, ya no es ni noticia, es una pura vergüenza.

El socialismo sólo resiste en España y en Alemania, muy amenazado, pero ya no en Italia ni en Inglaterra ni en Francia. No sólo son los escándalos y la corrupción, que en España es ya un símbolo del partido en el poder. Es la pérdida de un proyecto, de unos valores y de la propia dignidad. Es la demostración de que ni hay Gobierno ni hay proyecto ni hay vergüenza. Seguirán mientras puedan, pero todos sabemos que la única dignidad sería pedir perdón a los ciudadanos, presentar la dimisión y dejar que hablen las urnas. Ni están a la altura ni tienen un proyecto ni les importan los problemas reales de los ciudadanos.

Hay, en efecto, una ingente cantidad de problemas que afectan a los ciudadanos y que lastran su presente y su futuro. Pero, por ejemplo, levantar la persiana de un pequeño negocio en cualquiera de nuestras ciudades le cuesta a un autónomo, aun pequeño emprendedor, sin empleados a su cargo casi tres mil euros al mes. Si suman las cuotas de uno o dos empleados, esa cifras se dispara. Según un informe de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), el coste del alquiler -que se multiplica cada año-, los gastos generales, las cotizaciones al RETA, los impuestos, los suministros como la electricidad que crece imparable, la gestoría, los seguros, los servicios digitales, las comisiones bancarias, la limpieza y mantenimiento, residuos y seguridad... son unos 36.000 euros al año. Si suman una nómina, eso engorda los gastos fijos un setenta o un ochenta por ciento aunque el trabajador cobre el salario mínimo. Echen cuentas de lo que tiene que vender ese autónomo, que vive en el riesgo permanente, para poder cobrar un sueldo.

Son 3,48 millones de autónomos los que se atreven, se arriesgan a montar un negocio y tratar de vivir de él con su familia. Otro medio millón tienen uno o mas empleados y los mismos o mayores problemas. Más del 90 por ciento del tejido empresarial español está compuesto por pequeñas o medianas empresas. ¿Alguien se está ocupando de ellos? ¿Alguien cree que un Gobierno incapaz de gestionar los grandes problemas del país se preocupa de los "pequeños" problemas de millones de ciudadanos? ¿Alguien tiene un proyecto para cambiar todo esto? La desafección a la polìtica empieza cuando los gobiernos están únicamente preocupados por mentir, construir relatos falsos y sobrevivir a su propia incompetencia.


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