En campaña electoral se promete mucho y se cumple poco. Es casi una tradición de nuestra política que los programas electorales acaben convertidos en papel mojado y que algunos gobernantes, una vez instalados en La Moncloa, hagan exactamente lo contrario de lo que anunciaron.
Pero una cosa es incumplir una promesa y otra, bastante más grave, pretender que los ciudadanos no tienen memoria. Y eso es lo que ocurre cuando Pedro Sánchez sube a un escenario y atribuye al Partido Popular la bajada de las pensiones.
Porque la historia, por mucho que algunos se empeñen en reescribirla, está ahí. Fue José Luis Rodríguez Zapatero, presidente socialista del Gobierno, quien en 2010 congeló las pensiones contributivas, redujo un 5% de media el sueldo de los empleados públicos y aprobó un severo plan de ajuste del gasto, el mayor en democracia. Conviene además recordar que Pedro Sánchez era entonces diputado del PSOE y votó a favor de aquel decreto.
Aquel recorte se produjo en plena crisis económica, aquella que se empeñaban en ocultar y que dejó al país al borde de la intervención por parte de la Comisión Europea. Había que reducir un déficit público galopante como consecuencia de no afrontar la crisis y tomar medidas de gasto equivocadas, como la entrega de 400 euros o el 'Plan E', que llenó España de rotondas o polideportivos en pueblos donde no había jóvenes.
La memoria de los ciudadanos no puede activarse a conveniencia tergiversando la realidad. Debería ser un periodo para confrontar propuestas, explicar resultados y reconocer errores. No debemos, no podemos, acostumbrarnos a que nos mientan, nos traten como a niños o como a idiotas. Resulta increíble que tengamos que pedir respeto a los votantes. Y, tanto que se habla de derechos, ¿qué hay del de recibir información veraz y no una versión interesada de los hechos? Creo, además, que la responsabilidad es aún mayor cuando quien habla es el presidente del Gobierno en funciones y candidato de su partido.
Desde esa posición, sus palabras tienen una repercusión que no puede despacharse como una exageración propia de la contienda electoral. La campaña que tenemos por delante será larga y dura. Y, a juzgar por lo que estamos viendo, habrá que examinar con lupa las cifras económicas y las promesas, y exigir el máximo rigor. Queremos debate y confrontación de ideas, más en este momento de mucha incertidumbre. Después de ocho años de saqueo fiscal, inflación, falta de vivienda y bajos salarios, no queremos que nos vendan 'la purga de Benito'.
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