Emergencia nacional, pero como si nada

Emergencia nacional, pero como si nada

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El mismo Gobierno que se pasa la vida simulando normalidad declara la emergencia nacional. Por los incendios, todo un récord de llamas este mes de julio, que supera con creces a todos sus antecesores.

Pero creo que la emergencia debería extenderse también a algunos planos morales. Muchos hemos repetido muchas veces esta frase: ya no sé qué más ha de ocurrir para que algo ocurra. Y pienso que a no largo plazo ocurrirán algunas cosas destacables: el aroma no huele solo a humo, sino también a cambios. Y a basura.

Desde mi ventana veo un cielo naranja, teñido por los humos surgidos de la imprevisión, de la reiteración en olvidar que los incendios se apagan en febrero y en julio ya solo queda enviar a los bomberos y a la UME para combatirlos. Pocas veces he asistido a una tormenta tan perfecta: el propio Ministerio del Interior, que arde tras el terremoto incontrolado en la Guardia Civil, decreta esa emergencia nacional por las llamas físicas. Mientras, otros ministros (sí, Grande Marlaska, aseguran, ya ha querido dimitir varias veces, pero alega que no le dejan) preparan la huida hacia más tranquilos, templados y hasta rentables parajes.

El 'ministro 23', como se llamó a José Luis Rodríguez Zapatero, ya no podrá volver a pisar instancias oficiales, jamás volverá a oficiar de embajador extraordinario por cuenta de La Moncloa, sea ante Puigdemont, ante Xi o ante Delcy. Y la teórica 'número tres' del Ejecutivo trata de escapar hacia la OIT, que no es mal puesto: ¿cuánto tiempo habremos de seguir sufragando el puesto público de una Yolanda Díaz que, simplemente, ya no es sino un lastre inactivo para el Gobierno de Sánchez, alguien en busca de un trabajo bien pagado? Y casi lo mismo digo de los asustados ministros-candidatos Diana Morant (sí, esa que compara a Núñez Feijoo con Hitler) u Oscar López, al que los sondeos existentes, que sí, que existen, pronostican un severo batacazo en Madrid frente a la odiada Díaz Ayuso. En cualquier caso, les quedan a ambos pocos meses de disfrute de la cartera ministerial.

¿Sigo? Me consta que hay ministros más quemados que la antorcha de la estatua de la Libertad. Luis Planas, por ejemplo: un personaje sensato que no entiende nada de lo que hacen algunos de sus colegas en el Consejo de Ministros, me dicen. O Margarita Robles, cada vez más aislada en su papel de forzarse a la discreción en el que hoy es quizá el puesto más delicado del Ejecutivo junto al de Grande Marlaska, por cierto gran enemigo tradicional de Robles. Ah, por cierto, ¿sabe usted quién es el/la miembro del Gobierno responsable de los incendios? Bueno, entonces, será usted capaz de decirme el nombre de la titular de Educación ¿Tampoco? ¿El de los imposibles Presupuestos? Sí, ya sé que al menos sabemos que Urtasun es el ministro de Cultura; lo que quizá no se sepa tanto es que anda trajinándose el liderazgo de Sumar, el coaligado que ya no actúa como tal, sino como parásito.

Y por cierto: sospecho (con algún dato) que hay ministros, no militantes en el PSOE, que están alarmados ante la deriva global y el desgaste moral del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Me dicen que el mismísimo Carlos Cuerpo, el 'número dos' y responsable de la economía nacional. O la 'número cuatro', la vicepresidenta Sara Aagesen, cuyo talante nada tiene que ver con el conjunto de sus colegas de Gabinete. De momento, priman los aplausos coberdicas sobre las críticas 'en abierto', pero no creo que esta actitud dure mucho más en el mundillo del socialismo en sus varias caras y facetas.

Ya me dirá usted si, incluso más allá de la tragedia que son los incendios que no se supieron prever (no es fácil, lo sé bien), no estamos ante un Gobierno que es ya una auténtica emergencia nacional. Pero verá usted cómo, cuando, el próximo martes, el presidente comparezca ante los medios en su rueda de prensa de final de curso, se declarará profundamente satisfecho de la trayectoria de su Consejo de Ministros. Será otra inveracidad más, pero la situación ha llegado al punto en el que nadie se toma en serio las afirmaciones oficiales, otro signo de que esto, la Legislatura, junto con una forma de hacer política, se acaba. ¿Para cuándo una remodelación de este Gobierno ya casi imposible, al menos eso, presidente, ya que más no piensa usted hacer?


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