Aunque no con estas palabras, lo que ha hecho Zapatero en su paso exculpatorio por la televisión pública es "un pan de obleas". Pero puede que el precio le haya compensado a quien la aconsejó, incluso en contra de la estrategia defensiva fijada por el letrado del expresidente.
Por supuesto que estoy hablando de Pedro Sánchez.
Dice Zapatero que no habla frecuentemente con Sánchez. No lo creo, pero, aunque así fuera, aunque fuera por personas interpuestas, el todavía presidente del Gobierno ha querido blindarse ante las preguntas que, con toda seguridad, le van a caer en su anunciada rueda de prensa del martes 28 (balance del año político).
Ya tiene coartada. Le bastará con remitirse a lo declarado por Rodríguez Zapatero en su entrevista del jueves a la cadena amiga e insistir en su apoyo al amigo y compañero.
Lo de "cadena amiga" es pura reseña descriptiva sobre la orientación de TVE. Pero no hay, en absoluto, un señalamiento personal a Javier Ruiz, cuya afinidad política no le impidió hacer las preguntas que cualquier periodista debía hacer aquí y ahora al expresidente.
Lo demás encaja en el titular de este artículo. Un pan de obleas, si lo relacionamos con el forzado intento del propio Zapatero por pregonar su inocencia y hacer pedagogía sobre lo que significa la "presunción de inocencia" en los ámbitos judiciales.
Por ese lado consiguió todo lo contrario.
Es decir, multiplicó los motivos para alimentar la presunción de culpabilidad que, al fin y al cabo, ya está apuntada en el procedimiento judicial. Sin que eso suponga atentar contra la presunción de inocencia, es lo que sugieren los indicios descritos por los informes policiales, el auto de imputación del juez, la función institucional de la fiscalía y las tesis de las acusaciones particulares.
Presunción de culpabilidad hay también en las aportaciones informativas del llamado periodismo de investigación, que no deja de aportar novedades. La última, una pieza de "El Confidencial" donde se cuenta que Rodríguez Zapatero cobró 49.758 euros de una empresa de Hong Kong especializada en el comercio de oro y piedras preciosas.
El propio Zapatero da vuelo a la presunción de culpabilidad al incumplir su compromiso de ser transparente porque "nada tengo que ocultar". Así que no nos rasguemos las vestiduras ante sus rituales llamamientos a respetar la presunción de inocencia y endosar la carga de la prueba al que acusa, porque la propia realidad de las cosas desborda los ámbitos judiciales e inevitablemente invade los ámbitos de la política, la ética, la estética y la vergüenza torera.
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