MADRID 25 Jul.
La entrevista televisiva al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero había despertado una enorme expectación. Después de días de silencio, de informaciones sobre su supuesto estado de ánimo y de una creciente presión política para que diera explicaciones, muchos ciudadanos esperaban respuestas concretas. Sin embargo, lo que vimos fue una larga defensa de su inocencia, pero muy pocas aclaraciones. Faltaron preguntas esenciales sobre sus relaciones con Venezuela, sus presuntas actividades empresariales en Bolivia o China y no se profundizó en las declaraciones de personas de su entorno.
Desde la publicación del auto del juez Calama, que le atribuye seis presuntos delitos, la situación judicial de Zapatero ha dado un vuelco con la declaración de quien la investigación considera su presunto testaferro, Julio Martínez, y los escritos aportados por dos altos directivos de Plus Ultra, la compañía aérea rescatada por el Gobierno con 56 millones de euros y un cúmulo de dudas sobre su merecimiento. El expresidente volvió a negar cualquier participación e insistió en que no habló con nadie, que no intervino en el rescate y que jamás obtuvo comisión alguna. Exactamente la misma versión que ya sostuvo tanto en el Senado como ante el juez.
Pero, sin duda, el asunto de las joyas halladas en una caja fuerte del despacho que utilizaba en la calle Ferraz, el más anecdótico y mediático y el que, a mí juicio, le puede acarrear serios problemas, fue el que más ha sorprendido y enfadado a propios y extraños. Asegurar que "no tenían ningún afán patrimonial", "nunca he entrado en una joyería", "estaban en la caja fuerte y no habíamos pensado en ellas", o fueron "un regalo personal de hace muchos años" son argumentos increíbles y que ningún ciudadano podría esgrimir ante la Agencia Tributaria como descargo de un delito fiscal. No lo intenten. Claro que la presunción de inocencia debe respetarse siempre. Pero, esa presunción no exime a nadie de ofrecer explicaciones consistentes cuando existen investigaciones abiertas y preguntas sin responder. La confianza pública no se recupera con frases llamativas ni con relatos cambiantes, sino con hechos verificables. No se entiende que quieras comparecer ante los ciudadanos y que sea para tomarles el pelo y para que nos hagamos nuevas preguntas. Su abogado sabrá, pero la sombra de la duda seguirá proyectándose sobre quien durante años ocupó la Presidencia del Gobierno.
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