Un papel para Leonor I

Fernando Jáuregui Colaborador de Opinión

Si hay alguna pega que yo pudiese poner a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, esta es que no hayan ido acompañados por la Princesa Leonor. La heredera del trono estudia, sí, y no conviene que sus estudios sean permanentemente interrumpidos por unos u otros actos, pero creo que es hora de que la futura jefa del Estado -que va a ser un Estado bastante diferente al actual por muchos conceptos- se faje en cuestiones difíciles y su papel público vaya más allá de un par de discursos en los premios Princesa de Asturias o Princesa de Girona.

Boletín horario Edición de las 13:00 Martes 13 de octubre

Creo que Leonor de Borbón Ortiz es una persona que merece confianza, que difícilmente cometerá un dislate en público, que da bien en las encuestas, que recaba adhesiones de los que la conocen y que, sobre todo, debe aprender a convivir con y gerenciar situaciones de cierta complicación: nadie como su padre puede enseñarle esta asignatura, que no se estudia en universidad alguna.

La observé de cerca el lunes en la ceremonia del 12 de octubre en el Palacio Real y una vez más me sorprendió la naturalidad con la que acepta su papel, del que no se aparta un milímetro, sea por protagonismo o, por lo contrario, por timidez. Está donde debe estar, siempre, eso sí, a la sombra protectora, quizá demasiado, de su madre.

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Es hora de que Leonor vuele en solitario, y no me refiero, claro, a sus prácticas como piloto (ni como paracaidista: que me expliquen la necesidad de que la heredera de la Corona ande tirándose en paracaídas). Es hora también de que conceda sus primeras entrevistas a los medios de comunicación, de que visite como protagonista lugares fuera del glamour de las páginas de papel couché, como residencias de ancianos, hospitales o centros de acogida. Es hora, en suma, de que dé un paso más, o varios, en la asunción de su papel presente y futuro: doña Leonor ha dejado de ser aquella adolescente a la que había que arropar. Y hay que aprovechar que hoy la idea de la Monarquía está en alza, y no agazapada como en los tiempos, que tan lejanos parecen, del peor Juan Carlos I.

Ignoro, desde luego, cuándo se produciría una sucesión en la persona de Leonor de Borbón -y ojalá, porque Felipe VI me parece un gran rey que ha sabido enmendar los graves errores paternos, esa sucesión tarde muchos años-, pero hay que pavimentar ya, legalmente y por la vía de los hechos, el camino de la futura Leonor I, que, desde luego, no va a tener una tarea fácil. Debe ir, creo, haciéndose a la idea, y su ausencia en Ceuta y Melilla creo que es una oportunidad perdida, otra más.


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