El informe PISA nos aplasta

Fermín Bocos Colaborador de Opinión

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Las desventuras no llegan solas. Cuando todavía no nos habíamos repuesto de la invasión de Ceuta -tardearemos en conseguirlo- conocimos el resultado del Informe PISA, el programa internacional para la evaluación de estudiantes que analizó los conocimientos de 30.000 estudiantes de 15 años, alumnos repartidos en un millar de centros educativos.

Por decirlo en corto: España obtiene los peores resultados de su historia en comprensión lectora, Matemáticas y Ciencias. El estudio refleja un desastre sin precedentes, el peor desde que se iniciaron las evaluaciones en el año 2000. En conocimientos los alumnos españoles se sitúan por debajo de los promedios de los países de la Union Europea y también los de la OCDE. Por increíble que parezca, ante tamaño fracaso no se han encendido todas las alarmas en el Ministerio de Educación. La ministra ha tenido la humorada de decir que en el informe hay un dato positivo que apunta el crecimiento del grado de curiosidad de los alumnos. Y las comunidades autónomas habiendo obtenido todas resultados por debajo de la media europea -la educación es materia transferida- tampoco han ido más allá de acudir al ratoneo de señalar al vecino que está peor.

Boletín horario Edición de las 11:00 Lunes 14 de septiembre

En el País Vasco, los alumnos están a la cola del Estudio pagando el disparate de la inmersión. Lo de Cataluña ahorra las palabras sabido que fue excluida de esta entrega de PISA por intentar trampear con el censo de alumnos. El origen del desastre es multifactorial. Se está hablando mucho del impacto del teléfono móvil, un abuso que distrae y también de las pantallas en detrimento del papel y las pizarras. O de la irrupción de la inteligencia artificial sin la debida tutela docente. Otro gap entre el objetivo y el resultado lo provocaría el método de aprendizaje reducido a la lectura de textos cortos.

El informe revela la dificultad de los alumnos para asimilar textos que superen las 400 palabras. Pero en la raíz de todos estos males, por lo que tiene de dislate, habría que señalar una ley que permite promocionar, pasar de curso, con dos o más asignaturas suspendidas: "Cuando el equipo docente considere que la naturaleza de las materias no superadas le permita seguir con éxito el curso siguiente y se estime que dicha promoción beneficiara su evolución académica" (Art.28). Sin el estímulo que supone la recompensa lograda con esfuerzo decae el interés y encuentra asiento el pasotismo. La última ley de Educación impuso un modelo en el que importa más la aplicación de los contenidos que el conocimiento. Tampoco ayudan las practicas orientadas a adquirir dudosas habilidades. En la asignatura de Matemáticas del 4º de la ESO, el currículo estatal establece como competencia exigida: "Desarrollar destrezas sociales reconociendo y respetando las emociones de los demás, participando activa y reflexivamente en equipos heterogéneos con roles asignados ,para construir una identidad positiva como estudiantes de Matemáticas, ,fomentar el bienestar personal y grupal y crear relaciones saludables".

Parecería una broma, lenguaje de madera, pero no lo es. Lo sorprendente es que aprendan algo, no digo ya de Matemáticas, de cualquier otra materia .


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Preguntas para el debate:

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¿Crees que el énfasis en las competencias emocionales y sociales en las aulas está desplazando el aprendizaje de conocimientos fundamentales como las Matemáticas o la comprensión lectora?

¿Qué cambios considerarías prioritarios en el sistema educativo español para revertir estos resultados históricos del informe PISA?

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