Es bastante desolador el panorama de egoísmo e irresponsabilidad que enfanga empresas, partidos políticos y sociedad en general. Me imagino que, dentro de poco, en alguna rueda de prensa, cualquier ministro escupirá una flema sobre el suelo, y proseguirá su perorata con bastante naturalidad, aliviado ya del molesto carraspeo que le impedía difamar con claridad.
En toda escalera de vecinos hay un tipo bronco, o mentiroso, o calumniador, porque entra dentro de los porcentajes estadísticos, pero es que, ahora, resulta que estos tipos pueden llegar a ser presidentes de un país, como Estados Unidos, o secretarios de organización de un importante partido político, o ministros del gobierno de un país, como España, que resulta fundamental para conocer la historia de Europa y del mundo.
Que un boquirroto con cartera, responsable del mantenimiento de las vías ferroviarias por donde circulan los trenes de ese país -hasta hace poco, señero en la alta velocidad- trate un accidente, en el que ha habido casi medio centenar de cadáveres, proyectando las culpas de la catástrofe sobre los servicios de ayuda sanitaria, que acudieron a socorrer a las víctimas, es de una desfachatez tan insultante, de un indecoro tan obsceno, que me imagino a mí mismo como hijo, o padre, o hermano de alguno de los fallecidos, y sentiría una indignación tan dolorosa, que es posible que reaccionara de una manera que arruinaría el resto de mi vida.
Y esas señoras y esos señores, que presiden o dirigen importantes empresas, y afirman que se enteraron por los medios de comunicación de que las samaritanas del amor mercantil cobraban sin ir a trabajar, demuestran un cinismo tan insolente que te cuesta asumir que se trate de un hecho real. Más aún, algún honesto, algún empleado honrado, advirtió de la anomalía, y de la corruptela, y entonces se puso en marcha el mecanismo de defensa... y el honrado, el decente, fue puesto en la calle, a ver si una persona que todavía guarda el decoro y la integridad.
Si seguimos así, dentro de poco, una persona cabal y recta, denuncia cualquier tropelía, y a lo mejor la Fiscalía le acusa de algo gordo. Y si el ministro de Justicia sugiere que este o aquél juez es prevaricador, dentro de poco el ministro o ministra de Defensa dirá que este general es un torpe, porque ya tenemos el antecedente de un ministro de Interior, que impidió el ascenso a general de un honrado guardia civil. Si seguimos así, llegará un momento en que ser responsable, honrado y serio, podrá ser motivo de despido. Procedente, claro. Procedente de esta indecencia que nos enfanga.
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