Unas nuevas reglas de juego

Unas nuevas reglas de juego

Madrid 3 May.

No sé si Feijóo gobernará España cuando haya unas nuevas elecciones y si lo hará sólo o con la hipoteca de VOX. Lo peor que nos podría pasar, visto lo que hay, no son ya ocho años más de Pedro Sánchez, o cuatro, sino unos cuantos meses. Cuanto antes haya elecciones, mejor para el presente y el futuro de los españoles. Hoy, España vive en una democracia limitada y en grave riesgo político y lo que aparece en el horizonte cercano es una desaceleración, un riesgo grave por las tropelías de Trump y la inacción de Europa y una larga lista de problemas sin resolver o mal resueltos que deberían llevar a quien encabeza el futuro Gobierno a desmontar mucho de lo que ha hecho este Gobierno y a establecer unas nuevas reglas de juego que, imprescindiblemente, deben dar paso a medidas compartidas y duraderas.

Lo que tenemos hoy es la ocupación por el Gobierno y el Partido Socialista de la práctica totalidad de las instituciones, en algunos casos, con un ejercicio absolutamente sectario del poder. La Fiscalía General del Estado no sólo no ha vuelto a la independencia perdida, sino que ha consumado el golpe del anterior fiscal general. El Tribunal Constitucional, el CIS, RTVE, las Comisiones Nacionales de Mercados y Competencia y del Mercado de Valores, las empresas públicas y alguna privada han sido puestos bajo el poder del Gobierno y a su servicio. Los sindicatos han multiplicado sus subvenciones a cambio de callar ante los problemas reales de los trabajadores, incluidos los funcionarios públicos y la corrupción del PSOE y del Gobierno. Celebrar el 1 de mayo en Málaga para apoyar a la candidata socialista a la Junta de Andalucía no ha sido casualidad. Hay que pagar los favores recibidos por la cúpula sindical y empezar a preparar la estrategia de confrontación cuando llegue la derecha al poder.

La corrupción, no sólo del PSOE, es un escándalo que cuesta asumir por alguien normal después del espectáculo bochornoso en el Tribunal Supremo y en la Audiencia Nacional. Pero también lo es una justicia sin medios, lenta, que el ministro Bolaños intenta controlar y empeorar. Casos, como el de la Kitchen o el del clan Pujol, que tardan casi 15 años en ser juzgados y que permiten que el jefe de la tropa escape a rendir cuentas, nos debería avergonzar. Que las transferencias de Interior permitan al Gobierno vasco -PNV y PSOE- excarcelar a los principales asesinos etarras, mediante trampas legales y el silencio del Gobierno, es otro escándalo mayúsculo.

Pedro Sánchez ha conseguido enfrentarnos a Estados Unidos, jugar al despiste con la OTAN, ser irrelevante en Europa y estar de espaldas a Hispanoamérica, con la excepción de lo peor allí, la dictadura corrupta de Venezuela. Este Gobierno de progreso, que no es capaz de aprobar unos Presupuestos, que gobierna por decreto ley -y ahora ya ni logra que se los convalide el Congreso- es líder en Europa en paro juvenil, en temporalidad en la función pública, en pobreza y en desigualdad. También en el aumento de la recaudación fiscal, y ha puesto contra las cuerdas a los autónomos, a las pequeñas y medianas empresas, que son el 90 por ciento de nuestro tejido productivo.

Este Gobierno no ha sido capaz todavía de aclarar las responsabilidades del gran apagón ni de la tragedia de Adamuz, de gestionar los fondos europeos y de coadyuvar a que las localidades afectadas por la Dana vuelvan a la normalidad. Está enfrentado con los empresarios, con los médicos, daña la actividad profesional de jueces y abogados y perjudica a los ciudadanos, tiene Ministerios, como los de Vivienda, Sanidad, Transportes o Educación que no se justifican por lo que hacen sino por lo que atacan a la oposición y, en fin, utiliza la mentira y la polarización como armas de supervivencia. Hasta los partidos que le apoyan ya juegan en su contra. Ocho años más y acaban con todo.

Feijóo, si llega a gobernar, se va a enfrentar con retos muy importantes, al margen de los ya citados, de la desaceleración económica y del desmontaje del sectarismo practicado por Pedro Sánchez en las instituciones. La recesión económica, la reforma fiscal, la fiscalidad de las comunidades autónomas, la IA y su influencia en el mundo del trabajo y en la educación, la integración positiva de la inmigración, la reforma de la Administración y los servicios públicos, la independencia de una justicia con medios, la transparencia del poder, la recuperación del Parlamento como lugar de debate y encuentro, el papel de la Monarquía, la defensa constitucional... Labor inmensa que tendrá que hacer en solitario para luego tender puentes de escucha y de reconciliación entre españoles. Unas nuevas reglas de juego. Otra vez.


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