Toda la culpa es de la derecha

Toda la culpa es de la derecha

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

MADRID 24 May.

"Que nada ni nadie nos distraiga del proyecto. El enemigo no es Zapatero, el enemigo es la derecha y la ultraderecha". Eso es lo que piensa la izquierda. Eso es lo que transmite Pedro Sánchez a los suyos y a sus socios. Eso es lo que piensan sus socios de Gobierno. Todo el tiempo que puedan mantenerse en el Gobierno. Eso es lo que hace que le sigan sosteniendo su socios de investidura. Todo el tiempo que sea posible. Todo el tiempo que puedan tener cogido por sus partes al presidente y al Gobierno de España. Todo el tiempo preciso para que quien venga después, tenga muy difícil revertir la situación. Tampoco podrá quitarles todo lo que ya se han llevado.

Todo es culpa de la derecha y la ultraderecha. La polÍtica, la mediática, la judicial, la eclesial, la económica y hasta Florentino. Que no se aprueben leyes por falta de votos. Que haya que recurrir al decreto ley para evitar al Parlamento. Que esa cámara se haya convertido en un teatro que ni aprueba ni controla. Que hayan sido incapaces durante toda la legislatura de presentar o aprobar unos Presupuestos. Que España sea un país residual en Europa sin poder ni prestigio. Que nos hayamos enfrentado con Estados Unidos y defendamos dictaduras como la venezolana. Que la corrupción alcance las más altas esferas del poder. Que la economía vaya bien, pero que haya crecido la pobreza y que los ricos sean más ricos que nunca. Que se hayan okupado las empresas públicas y privadas y todas las instituciones. Que no haya diálogo social ni consensos. Que se trasvasen partidas de los fondos europeos a otras, saltándose la ley española europea. Todo es culpa de la derecha y la ultraderecha.

Ellos lo hacen por evitar ese mal mayor que es que haya unas elecciones y que la gente vote a otros y les eche del poder. Todo lo hacen, la izquierda y sus cómplices, por protegernos de la derecha y la ultraderecha. Incluso, para proteger a la derecha de la ultraderecha. Y Feijóo no se entera y no los apoya. Y hacen todo lo posible por hacer crecer a VOX para que Feijóo se entere de que todos los males vienen de ellos. La bendita izquierda siempre preocupada de que nadie les suplante ni oscurezca, de que no nos desviemos del lado bueno de la historia que, por supuesto, es el suyo siempre. De librarnos de la arrogancia y la falsa seguridad que trata de dar la derecha. De que reconozcamos los pecados y limitaciones de la derecha, que son innumerables. Lo suyo es engendrar cada día la nueva fe en una nueva política que sólo esté atenta a lo que son capaces de hacer y no a lo que han hecho.

Lo último es echar la culpa del resurgimiento de Zapatero a la derecha: "Cuanto más lo demonizaban, dicen ahora, más furor causaba entre la militancia socialista, tan necesitada de moral". Por eso, Sánchez le convirtió en una referencia moral para toda la izquierda. Por eso le dejó hacer sus chanchullos en Venezuela y China. Por eso le encargó la negociación con Puigdemont de la que le informaba meticulosamente. Por eso, cuando se veían frecuentemente, no le preguntaba por sus negocios y los de sus hijas sino por sus intereses, los de Sánchez. Por eso nadie le controlaba, ni Presidencia ni el CNI informaban a Sánchez de las cosas extrañas de sus amigos y su patrimonio. Zapatero, el presidente que abandonó su Gobierno cargado con el descrédito, apoyó a Susana Díaz contra Pedro Sánchez y luego se pasó a éste porque descubrió que con él estaba su futuro. Una preclara exministra suya, Leire Pajín, dijo un día que la coincidencia en el tiempo de Barak Obama y Zapatero "era un acontecimiento histórico para el planeta". "Un día Obama me dijo, confesó también Zapatero, que hacer autocrítica es equivocarse dos veces". Y confesar que ha engañado a los suyos todo el tiempo y que éstos se han dejado engañar, también. Zapatero no se equivoca nunca. La culpa no es de Zapatero ni de Sánchez ni del PSOE. Es de la derecha.


Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.