España era un pasaporte (y tres millones más)

España era un pasaporte (y tres millones más)

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MADRID 5 Jul.

Reconozcamos que un país que, ante una 'cumbre' de la OTAN tan importante como la que este martes se celebra en Ankara, anda más preocupado del pasaporte de la señora del presidente que de los temas que en la ciudad turca vayan a tratarse en estos tiempos belicosos es un país cuando menos 'raro'. Lo cual no pretende restarle gravedad ni a las trapaceras actividades de Begoña Gómez, que trata de acompañar a su marido a la reunión atlántica, ni tampoco a la arbitrariedad de un juez, Peinado, retirando (quiero suponer que se lo devolverá en las próximas horas) el pasaporte a la segunda dama de la nación.

Claro que no es el pasaporte de la señora Gómez la única peculiaridad con la que España acude a la 'cumbre' de la OTAN, ante la que aventuro que Pedro Sánchez aprovechará cualquier oportunidad para distanciarse, prudentemente pero distanciarse, de un Donald Trump crecido por los fastos del 250 aniversario de la Unión y que sigue enfurecido con el Gobierno español.

Y luego está el 'otro' tema, al que la Alianza Atlántica, la UE y el propio Departamento de Estado norteamericano no pueden mostrarse ajenos: ya que hablamos de pasaportes y similares, España aporta al gran debate mundial sobre migraciones más de tres millones de casos. Que es la suma calculada entre las regularizaciones de ilegales prevista y lo que acabe dando de sí la 'ley de nietos', otorgando la nacionalidad (y el pasaporte, por tanto) a, se dice, dos millones y medio de descendientes de españoles.

Así que entre pasaportes y regularizaciones anda la cuestión. El 'pasaporte VIP' de doña Begoña y los quizá casi tres millones que pueden llegar a corresponder a los descendientes de aquellos exiliados (y no solo) que de algún modo llevan sangre, al menos algo de sangre, española. Y luego está, ya digo, lo de la regularización de emigrantes, con lo que se pretende poner fin a una situación escandalosa de 'economía sumergida', que es algo que todos los españoles palpamos cada día en nuestros contactos con trabajadores de la agricultura, la construcción, la hostelería o los servicios: veremos si en la previsiblemente caótica tramitación de un millón doscientos mil casos (las previsiones oficiales eran inicialmente de quinientos mil) no 'cae' también algún que otro pasaporte español.

Sospecho que una 'cumbre' occidental, lo mismo que una 'cumbre' europea, o del G-7, o hasta de Davos, no puede desconocer el fenómeno, vamos a llamarlo 'migratorio' para simplificar, que está ocurriendo en España, país que cada día merece más atención de enviados especiales de medios y de agregados de información de embajadas. Como me consta personalmente que algunos colegas extranjeros nos llaman en busca de luz ante los casos de corrupción, la deconstrucción de la Guardia Civil, el marasmo judicial o las trapisondas de nada menos que un ex Presidente del Gobierno. O, ya digo, el pasaporte de la señora Gómez, adelantada y singularizada en el 'marasmo pasaportil' español que tanto debate está provocando entre las derechas y las izquierdas, ay.

Ya sé que una 'cumbre' de la OTAN, cuando los misiles rusos siguen cayendo sobre Kiev en una guerra que lleva más de cuatro años y que la Alianza contempla con impotencia, tiene que dedicarse a cuestiones más importantes que el pasaporte de doña Begoña, o incluso que el pasaporte de 'los nietos'. Pero no me negará usted que hay, entre unas cosas buenas y otras malas, motivos más que suficientes para que la comunidad occidental contemple, al menos con curiosidad, la llegada, solo o acompañado, del presidente español a Ankara. Spain, para bien y para mal, sigue siendo different y dentro de pocos meses estará poblada por más de cincuenta millones de personas. Es poco para Turquía, que tiene ochenta y siete millones, pero mucho para el peso de nuestro país en la UE y en la OTAN. Y de eso debería tratarse, no de las pasadas del juez Peinado.


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