A la depresión se le llama el mal del siglo XXI. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que 280 millones de personas en el mundo padecen depresión. Después de la pandemia, muchas personas han notado cómo su salud mental se ha resentido. Poco a poco, se empieza a reivindicar la importancia que merece esta área de la salud para favorecer a nuestro bienestar.
Treinta y una voces en torno a dos propósitos loables: amar y rememorar nuestro origen a través de la literatura y ayudar a nuestros mayores donando lo recaudado con las ventas del libro a una ONG. Así se presenta “Legado” (2022), una antología autopublicada –y distribuida por Amazon–, de un valor incalculable. Se trata de una antología de textos literarios –de poesía a relatos– coordinado por las jóvenes escritoras Teresa Plaza García y Ana Escudero Portal. Ambas, que ya contaban con experiencia en el terreno, a veces infravalorado, de las antologías autoeditadas (Renacer, 2021), han sido capaces de editar, corregir y armonizar un total de 31 textos extraordinariamente completos y variopintos.
La poeta y novelista nicaragüense Gioconda Belli ya lo dijo claramente: “mi piel está grabada con tus señales y no hay viento ni agua que pueda lavarlas sin dejar mi nombre borroso, desteñido y sin sonrisa”. La poesía de Carla Carbatti (Belo Horizonte, 1977) produce la misma sensación: son versos de tacto, de piel con piel, de letra con letra. Una sensibilidad poco común en este mundo tan veloz. Carbatti es doctora en Estudios de Literatura y vive en Galicia. En 2016 publicó el poemario “Na cadência do caos” (Editora Urutau, 2016), obra que le sirvió para entrar en la antología poética “Liberoamericanas. 140 poetas contemporáneas” (Liberoamérica, 2018), la más completa hasta el momento.
Annie Ernaux (Lillebonne, Normandía, 1940) es una de las grandes autoras de nuestro tiempo. Revolucionaria y activista fuera y dentro del papel, “maestra de la autoficción” (tomando prestadas las palabras de Emmanuel Carrère), leal defensora de la literatura como arma política y reflejo de las pasiones humanas sin remordimientos y, desde el 6 de octubre de este año, la ganadora del Premio Nobel de Literatura. A este se suman una larga lista de galardones, entre los que destaca el Premio de la Lengua Francesa 2008 y el Premio Formentor de las Letras 2019.
El escritor inglés Samuel Butler decía que “un gran retrato refleja más al pintor que a la persona retratada”. Algo parecido podría decirse del trabajo del periodista y escritor Carlos del Amor (Murcia, 1974): en las exquisitas piezas que hace para el telediario de TVE y, en general, en la forma tan particular de narrar los acontecimientos de la actualidad, se ve representada su personalidad y su peculiar manera –literaria, poética– de interpretar lo que acontece. Ese pequeño-gran talento es el de encontrar una belleza escondida a lo rutinario. El tacto con el que elige las palabras, las imágenes, las personas que entrevista… todo ello es capaz de transmitir una elegancia y sensibilidad singulares. Y lo mismo ha conseguido crear en las páginas de su reciente libro, “Retratarte. Cuando cada mirada es una historia” (Espasa, 2022), una nueva saga que, de alguna manera, es continuación del exitoso –más de 100.000 lectores– “Emocionarte. La doble vida de los cuadros”, Premio Espasa 2020.
Qué fácil es maravillarse por la magia cotidiana en la que no reparamos la mayor parte del tiempo. Piénsenlo: las palabras que yo aquí dejo escritas tienen el poder de que allá donde quiera que ustedes lo lean puedan entender las ideas que quiero expresar. Las palabras, que se las lleva en viento, tienen el poder de “significar” nuestra realidad. La objetividad (inalcanzable) tiene su contrapartida en la subjetividad de la mente de cada uno, nuestra voz y paisaje mental está condicionado por la existencia de palabras que puedan reflejarlo. E aquí una fuerza escondida que estructura nuestra existencia.
Gabriel García Márquez decía que “la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado” y para la protagonista de “La encomienda” (Anagrama, 2022) el pasado está cargado de nubosos recuerdos que explican su presente. Margarita García Robayo (Cartagena de Indias, 1980) ha vuelto al género de la narrativa con una novela cargada de emociones. Miedos, soledad, recuerdos y relaciones sostienen las líneas de esta novela que es, sin duda, sinónimo de un proceso de introspección.
Si Miguel Delibes escribió que los hombres se hacen y las montañas están hechas ya, podríamos decir, en consecuencia, que el campo existe, pero la literatura hay que hacerla, labrarla. Incluso, no sería incierto afirmar que el amor existe, mas siempre hay que nutrirlo y modularlo como el panadero modula su miga o cuida el campesino su siembra.
Una vieja máxima dice que las mejores biografías son las que retratan a personajes desconocidos que llevan vidas sorprendentes. La de Luis Martínez de Irujo solo cumpliría con la primera condición. Porque si su mujer Cayetana de Alba estuvo bajo los focos durante más de medio siglo, el interregno de Martínez de Irujo –entre el padre de Cayetana, el duque Jacobo y su segundo marido Jesús Aguirre– quedó en ese injusto olvido propio de los periodos de moderación y prudencia.
Visto con perspectiva, cuesta creer que haya libros que, adscritos a su tiempo, descifren las cuestiones que siguen encabezando el sentir y las preocupaciones de la generación actual. Pero, si nos paramos a pensar en que estos problemas todavía no están resueltos, quizás sí entendamos por qué las hojas nos devuelven el reflejo de nuestros pesares y no de aquellos escritos hace más de cincuenta años.
La activista feminista francesa Simone de Beauvoir (París, 1908-1986) sostenía que “la familia es un nido de perversiones”; en una entrevista la escritora española, Sara Mesa (Madrid, 1976), confirma que “la familia es una amenaza” y así lo demuestra en su último libro, “La familia” (Anagrama, 2022).
A Nora Ephron (Nueva York, 1941-2012) le corresponde el honor de haber dado su nombre a un pastel de carne. No en vano era uno de sus platos favoritos y, cuando su amigo Graydon Carter (célebre periodista canadiense) le pidió ideas para la nueva carta, no dudó en sugerírselo. ç
Me da que no hay persona –amante de la literatura– que al pensar en Leonardo Padura (La Habana, 1955) no le venga a la mente el protagonista de muchas de sus novelas, Mario Conde.
La aparición de las conexiones en internet, que está fechada en 1969, supuso una revolución, un avance en dimensiones incalculables.
Hace algo más de diez meses descubrí al escritor Fernando Marías (1958-2022) a través de su última novela “Arde este libro” (Ed. Alrevés, 2021), que hoy cumple un año desde su publicación. Inmediatamente supe que tuve que entrevistarlo.
Cualquier lector ha sentido alguna vez angustia —como ya constató Azaña hace un siglo— al entrar en una librería y advertir la imposibilidad material de leer siquiera una pequeña parte de la abrumadora multitud de novedades. Pero la zozobra llega al extremo si se consideran, asimismo , todos aquellos lanzamientos que, gracias a las nuevas tecnologías, quedan fuera de los circuitos convencionales: las ediciones a través de plataformas independientes, los libros exclusivamente electrónicos, etc.
La Junta Directiva de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) ha reconocido a la escritora zaragozana Soledad Puértolas con el Premio Liber 2022 al autor hispanoamericano "más destacado".
Últimas veces, últimos intentos y la única garantía del final a la vuelta de la esquina. Una única vez más. “Y ahora ya no hay próxima vez. Esta novela que acabo de darle fue mi última oportunidad”.
Son dos mujeres que caminan arrastrando los pies, les separan un par de siglos. Ni siquiera comparten la ubicación geográfica de sus penas: una se mueve entre Madrid y Barcelona y la otra entre Londres y Salem. Aun así, son dos mujeres que al caminar se les nota la pena y deciden contar su dolor a través de la pluma de Lucía Litjmaer (Buenos Aires, 1977).
Nostalgia, ¡digna y cierta!, que resuena como aquellas hiladas que, río abajo o río arriba, inundaban el Vicente Calderón; un oso, un madroño, ¡en Madrid!, pero con el rojiblanco en su antesala; Adelardo, Fernando Torres, Luis Aragonés, Amanda Sampedro.
En cuanto un escritor se hace hueco en el panorama literario, parece que inmediatamente saca un libro sobre la escritura.
De Cervantes a Galdós, un recurso propio de la literatura española ha sido el de incorporar fantasiosamente a literatos como protagonistas de algunas obras.
Un día de caluroso verano a media mañana. Un par de correos y sus respectivas respuestas. “¿Jueves a tus 11:30?” “¡Perfecto! ¿Por llamada?” “Como veas mejor (…) Voy”.
Un patio, tal vez el de un colegio. La pelota empieza a rodar. Podría decirse que se trata de una pachanga entre clases rivales. Mentira: hablamos de mucho más; hablamos de pasión, deseos, sueños, vehemencia, desorden. Un jardín, tal vez el de un parque. Un padre observa cómo su hijo golpea un balón. Entonces, este le pide que participe: hoy será portero, ejercerá la función indispensable de atajar el cuero. Entonces, la imaginación inunda la mente de ambos. Y juegan. Y ríen. Y se establecen vínculos que van mucho más allá de lo terrenal. Vínculos que refuerzan la idea de que el amor embellece la vida y, ¡ojo!, el fútbol puede ser vehículo para su conquista.