En junio, el Incibe alertó de una campaña de SMS que suplantaba a la Agencia Tributaria con avisos de pagos pendientes y bloqueos de cuentas, un engaño pensado para que la víctima pulse un enlace y entregue sus datos bancarios y contraseñas, como recogió Madrid Actual.
Es solo uno de los muchos fraudes que circulan cada mes, y casi todos persiguen lo mismo: una clave que abra la puerta de una cuenta.
El problema se agrava porque la vida diaria en Madrid se ha trasladado en buena parte a internet. Un vecino de cualquier barrio puede tener abiertas al mismo tiempo la banca online, el área privada de Hacienda, la aplicación para pedir cita en el centro de salud, la cuenta de la tarjeta de transporte, el correo, dos o tres tiendas online y varias plataformas de reparto. Cada una pide una contraseña, y la tentación de usar la misma en todas es enorme.
Por qué repetir la contraseña sale tan caro
Cuando una tienda online o un servicio cualquiera sufre una filtración, las listas de correos y contraseñas acaban circulando por internet. Los delincuentes las prueban de forma automática en bancos, servicios de correo y redes sociales, con la esperanza de que el usuario haya reutilizado la misma clave. Si lo ha hecho, ni siquiera necesitan engañarle con un SMS: entran directamente.
Por eso una contraseña robada en un servicio poco importante, como una tienda donde se compró una vez hace años, puede acabar dando acceso al correo electrónico, que a su vez sirve para recuperar las contraseñas de casi todo lo demás. El correo funciona como la llave maestra de la vida digital, y protegerlo con una clave única es de lo más útil que se puede hacer.
La solución que recomiendan los especialistas parece sencilla, aunque cuesta llevarla a la práctica: una contraseña larga y diferente para cada servicio. Nadie es capaz de recordar veinte o treinta claves aleatorias, y apuntarlas en una libreta o en las notas del móvil tampoco es buena idea. Para eso existe el gestor de contraseñas, una aplicación que guarda todas las claves cifradas detrás de una única contraseña maestra, las rellena automáticamente en las webs correctas y genera combinaciones nuevas cuando se crea una cuenta.
Un gestor también ayuda a detectar webs falsas
Hay una ventaja de estas herramientas que se suele pasar por alto. El gestor asocia cada contraseña a la dirección web exacta donde se creó, de modo que, si el usuario llega a una página que imita la de su banco o la de Hacienda desde un enlace fraudulento, la herramienta no ofrecerá rellenar la clave. Esa ausencia de autocompletado es una señal de alarma muy útil, sobre todo para quien no está acostumbrado a revisar la dirección que aparece en el navegador.
No es una protección infalible, y nada sustituye a la desconfianza ante mensajes urgentes que piden datos. Pero reduce el margen de error en el momento en que más fácil es equivocarse: con prisa, desde el móvil y con un aviso que parece oficial.
Cómo empezar sin complicarse
Pasar a un gestor no exige cambiar todas las contraseñas en una tarde. Un orden razonable para hacerlo poco a poco es este:
2. Activar la verificación en dos pasos en el propio gestor, en el correo y en la banca online.
3. Empezar por las cuentas más sensibles, que suelen ser el correo, el banco y los servicios de la Administración, y cambiar sus contraseñas por otras generadas por la herramienta.
4. Ir actualizando el resto a medida que se usan, sin prisa, cada vez que se inicia sesión en una web.
5. Revisar si la aplicación avisa de contraseñas repetidas, débiles o aparecidas en filtraciones, y corregirlas.


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