Cuando llega noviembre y se enciende la calefacción, muchas lo acusan igual: cristales empañados al amanecer, marcos de ventana mojados y, unas semanas después, puntos negros en la esquina del techo.
Un parque de viviendas anterior al aislamiento
La ciudad de Madrid supera el millón y medio de viviendas y el 70 % son anteriores a 1980, según la Agenda Rehabilita Madrid que el Ayuntamiento presentó en diciembre de 2022. La fecha no es casual: la primera norma estatal que exigió aislamiento térmico en los edificios, la NBE-CT-79, se aprobó en 1979. Todo lo construido antes se proyectó sin ese requisito, y en buena parte de esos bloques los muros de fachada no llevan aislamiento, las carpinterías son de aluminio sin rotura de puente térmico y el vidrio original era sencillo.
Muchos de esos pisos se han reformado por dentro, pero la envolvente apenas ha cambiado. El mismo documento municipal cifraba en 1.160 las viviendas que se rehabilitaban energéticamente cada año en la ciudad entre 2017 y 2019, una cifra mínima frente al tamaño del parque.
Lo que dice el termómetro de El Retiro
Los valores climatológicos normales de AEMET para el observatorio de Madrid-Retiro (serie 1981-2010) explican por qué el problema aparece justo ahora. La media de las temperaturas mínimas cae de 10,7 grados en octubre a 6,3 en noviembre, y baja a 3,6 en diciembre y a 2,7 en enero. Es el salto que obliga a encender la calefacción y a cerrar ventanas.
A la vez, el aire exterior se carga de humedad: la humedad relativa media pasa del 38 % de julio al 71 % de noviembre y al 74 % de diciembre. Con esos valores, la ropa tendida en el balcón apenas seca, y en muchos pisos acaba secándose dentro de casa. Una colada de cinco kilos libera entre dos y tres litros de agua en el ambiente, que se suman a la que generan la cocina, las duchas y la propia respiración de quienes viven allí.
Por qué «llora» el cristal
El aire de una vivienda a 20 grados y con un 60 % de humedad relativa tiene su punto de rocío en unos 12 grados. Cualquier superficie que esté más fría que eso convierte el vapor en agua líquida. Con los valores de cálculo habituales en edificación, un vidrio sencillo con 2,7 grados en la calle y 20 dentro queda por su cara interior en torno a los 7 grados: cinco por debajo del punto de rocío. Un doble acristalamiento actual, en cambio, se mantiene cerca de los 17.
Por eso el agua aparece primero en el cristal y en el marco. Y por eso cambiar solo las ventanas a veces traslada el problema en lugar de resolverlo: si la nueva carpintería es estanca y nadie ventila, el vapor que antes condensaba en el vidrio busca la siguiente superficie fría. Suele ser la esquina del techo en una fachada orientada al norte, el frente del forjado o el muro que queda detrás de un armario.
Cuatro señales de que es condensación
⇒ Agua en cristales y marcos por la mañana que desaparece a mediodía, cuando sube la temperatura.⇒ Puntos negros de moho en las esquinas del techo y detrás de los muebles pegados a la fachada.
⇒ Olor a cerrado en armarios empotrados contra muros exteriores.
⇒ La mancha empeora con el frío y con la casa cerrada y mejora en primavera, sin relación con los días de lluvia.


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