Triste y llorosa la Universidad

Triste y llorosa la Universidad

Desde luego, las universidades fracasan cuando ignoran la realidad, una tendencia que, históricamente, ha suscitado agrias críticas académicas y ahora puede transferirse al entorno socioeconómico actual.

Desconocemos, sinceramente, si los ajustes presupuestarios que pide el Gobierno regional serían posibles limitando su ancho de banda a los privilegios heredados de los que todavía se disfruta en ciertos claustros y diversas dependencias universitarias, eminentemente burocráticas... desconocemos si ese esfuerzo que se reclama desde el Ejecutivo de Ignacio González, apelando a la responsabilidad presupuestaria, podría ir únicamente contra el singular hábitat por el que se transita en ciertos estamentos de la Universidad.

No queremos, desde luego, ni rectores ni catedráticos ni docentes, en general, que leviten. Tampoco una pesada maquinaria inútil.

Claro que los recortes nunca deberían de imponerse ni limitando becas ni elevando tasas ni eliminando programas de investigación. Queremos unas universidades públicas que, definitivamente, consigan reducir gastos elevando su verdadera, y maltratada, función. Complicado, sin duda, pero tal es su examen, señores dirigentes.


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