Madrid 26 Abr
Lo de la "prioridad nacional", impuesto por VOX, aceptado de aquella manera por el PP en Extremadura y en Aragón, y criminalizado como retorno al fascismo, al nazismo o al infierno extremista es, como dicen los juristas cuando menos ambiguo, con escasa base legal y necesitado de reforma de leyes orgánicas, como la de Extranjería que, hoy por hoy, no tiene ninguna posibilidad por razones de aritmética parlamentaria. Y si, dentro de un año, hubiera un Gobierno del PP y Vox tampoco sería fácil porque habría que bordear la Constitución, que en su artículo 14 señala la igualdad de los ciudadanos ante la ley, los tratados internacionales y los derechos humanos. Porque, por encima de todo, en una sociedad como la nuestra, en un Estado social y de derecho, debe prevalecer la dignidad de las personas por encima de cualquier otra motivación, lo que no es incompatible con el respeto a la legalidad. Lo que propone Vox es un tiro al aire, un brindis al sol, aunque esconde cuestiones demagógicas y peligrosas, entre ellas la propuesta de quitar todo tipo de ayudas a instituciones, especialmente ONGs, que ayudan a inmigrantes en situación irregular, incluida Cáritas y todas las de la Iglesia. Ellos que tienen entre sus votantes a tantos católicos.
Hay dos cuestiones importantes. La primera es que Europa, España incluida, es una puerta abierta y lo seguirá siendo. Quien viene de lugares donde la violencia, la guerra, los abusos, la trata y la miseria son la moneda de cambio, entra en un espacio que, aparentemente, le ofrece una vida digna, libertad y seguridad, trabajo y un futuro mejor. Casi nunca es así, porque aquí también son criminalizados, explotados por las mafias o por gente sin escrúpulos, encerrados, si son menores, en centros de internamiento, y viven en condiciones de miseria. Pero eso es lo que parece ofrecer "la tierra prometida". La puerta abierta les garantiza que podrán entrar y salir por Europa, con infinidad de oportunidades aunque sea trabajando en los empleos más duros y peor pagados. Y la tercera promesa es que aquí no pasarán hambre ni sed. Hay mucho trabajo, aunque, repito, sea el peor y el más duro. Podríamos hacer una integración real de las personas que vienen: enseñarlas el idioma, formarlas profesionalmente, ayudarlas a integrarse realmente en nuestras sociedades aceptando las reglas del juego democrático...pero preferimos explotarlas y que vivan en guetos.
La segunda cuestión es las otras prioridades nacionales que aceptamos, que impulsamos y que defendemos. O que defienden algunos. Salvador Illa quiere que el conocimiento del catalán sea requisito indispensable para poder aspirar al certificado de residencia o a un trabajo (ya lo intentó Montilla hace años, aunque el Tribunal Constitucional lo rechazó. No sabemos lo que diría ahora). Pero en Cataluña, se persigue la enseñanza del español en las escuelas, la rotulación de comercios en catalán, se le conceden privilegios que no se dan a otras autonomías y se prima lo catalán frente a lo español porque esas son sus "prioridades nacionales". Lo mismo se puede decir del País Vasco, con transferencias que no tienen otras comunidades, tolerancia de los homenajes a los asesinos de ETA y olvido de las víctimas o eliminación del nombre en español de la Universidad vasca. Prioridad nacional sería hacer una regularización ordenada y con medios y no chapuceramente, controles de acceso justos y adecuados, poner el objetivo en la dignidad de las personas y no en meros objetivos políticos y electorales, acabar con la corrupción, devolver al Parlamento su papel constitucional, presentar los Presupuestos cada año y tantas otras cosas.
"Todo en España está mal por culpa de los inmigrantes": la educación, la sanidad, la vivienda, los salarios, las becas, las ayudas, las subvenciones. A algunos, no solo a Vox, a muchos ciudadanos también, les importa únicamente su protección y que sucumban los de fuera, aunque vengan a hacer lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Son las malas políticas, los malos gobernantes, la oposición que no trabaja, la falta de consensos en asuntos, esos sí, prioritarios, los que impulsan el populismo de izquierdas y el de derechas, tan malo el uno como el otro. Y los que de verdad lastran la convivencia justa y ordenada.
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