Carta abierta a un guardia civil

Carta abierta a un guardia civil

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Admirado guardia civil: En los años de bomba y plomo, cuando no pasaban dos meses sin que cayeran algunos de sus compañeros, hasta Sumar 210 cadáveres, quienes estaban destinados en el País Vasco, además del dolor -y del temor por sus familias- recibían muestras de desprecio de ciudadanos de a pie, que simpatizaban con los terroristas asesinos.

Y hubo una riada e inundaciones en El País Vasco. Y el añorado Antonio Mingote, en su viñeta de ABC, dibujó a un guardia civil, saliendo del agua con un vasco a cuestas, porque sus compañeros acudieron a salvar vidas, a cumplir con su deber, al margen del desdén y la displicencia con que eran tratados. Me he acordado de aquella repugnante etapa, cuando contemplo que el fango que emana del Gobierno, y del partido que gobierna, llega hasta los propios mandos de la Guardia Civil, e incluso la presunción de sospecha es una sombra que alcanza a la Dirección General de la Guardia Civil. De vez en cuando, un compañero suyo, o un superior, es investigado y encontrado culpable de algún delito. No es preocupante por su escaso porcentaje, ya que entre 81.000 efectivos sería milagroso que no hubiera ningún caso. Pero lo que nunca había ocurrido es que el propio poder civil, desde el Gobierno y el Ministerio de Interior, aliente a corromper a los propios mandos para que los delitos sean tratados con benevolencia, cuando afecten al partido del Gobierno o a los familiares del Presidente. Le escribo para mostrarle mi solidaridad, y para acompañarle en la indignación que siente. Que los narcotraficantes tengan mejores lanchas que sus compañeros; que tengan poder para robarles lo que les incautan; que sus compañeros sean asesinados por los delincuentes; y que el ministro de Interior no aparezca en el funeral de los guardias asesinados, ya no es desinterés, sino indecencia. Pero que, encima, haya una mafia gubernamental para corromper la objetividad de su labor indica dos cosas: la bajeza moral de quienes lleva a cabo tan repugnante misión, y su equivocación, creyendo que ustedes son tan corruptos y fáciles de ser extorsionados como ellos. Reciba un abrazo de millones de personas que, estoy seguro, coinciden con lo escrito.


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