Comprendo que la visita de un Papa, sobre todo si es tan enigmático (y carismático) como León XIV, acapare las páginas de los periódicos y los comentarios de los periodistas. Comprende también que un Pedro Sánchez, acosado como nunca -y mira que se ha visto en aprietos el ciudadano Sánchez--, se acoja a sagrado, esperando que algo bueno ocurra en la tregua de cuatro días impuesta por la visita papal.
De acuerdo: León XIV/Prevost merece un paréntesis en el frenesí que estamos viviendo de informes de la UCO que nos ponen los pelos de punta, de silencios ominosos. Pero pienso que el viaje de León XIV a España de ninguna manera puede pensarse solo en términos espirituales o religiosos: lo quiera o no el Sumo Pontífice, que seguramente no lo quiere, estamos hablando de una visita que es, también, política.
Me parece natural, conociendo al presidente como le vamos conociendo, que Sánchez aproveche todos los minutos de permanencia del Papa en territorio español para retratarse junto a él, hablar con él, y, en lo posible, que el Papa hable de él. De Sánchez, digo. Que "tiene más cara que espalda", reprocha la alcaldesa de Mogán, a propósito de la forzada inclusión de Sánchez en el séquito que acompañará al Papa en Canarias. Ya digo: no hay que perder ni una sola ocasión para la 'photo opportunity', asignatura en la que Sánchez es maestro.
Sospecho que el jefe del Gobierno de España tiene que aprovechar una cierta complicidad, que no se hará explícita, claro, con el Papa en cuestiones internacionales; compartir la ojeriza de Trump y hacia Trump, supongo que les acerca en los llamamientos que escucharemos en favor de la paz y de la tolerancia migratoria. No habrá más, porque imagino que la activa diplomacia vaticana estará horrorizada -te lo susurran algunos en la Conferencia Episcopal-ante el momento político que vive El País visitado.
Claro, comprendo, lo repito, que Prevost acapare portadas: lo merece, y más después de haberse posicionado como lo ha hecho ante los problemas que vive el mundo, su reciente y magnífica encíclica incluida. Pero las páginas de los periódicos, los noticiarios de las radios y las televisiones, sea cual sea su orientación, rezuman el barro de la coyuntura. En la que coinciden: los informes de la UCO sobre las cloacas del partido que nos gobierna;, las maniobras para desestabilizar, desde la propia dirección de la Guardia Civil, a los propios investigadores de la Benemérita; las mentiras sobre reuniones que se negaban y sí se produjeron; los silencios intolerables, insisto también en esto, de la directora de la Guardia Civil, del hermano del presidente, de algunos mandos de una Benemérita, organización cuyo prestigio también se está consiguiendo arruinar, como los de otras instituciones.
A este paso, no nos quedará, véase la muy cuestionable campaña para ocupar la presidencia de un club que es mucho más que un club, ni el Real Madrid, dicho sea con perdón. Hasta he leído que pudiera ser que el Bad Bunny que arrasa en los conciertos (¿?) se encuentre con el jefe de la Iglesia en Madrid; ahí queda eso, se confirme o no.
Aquí, hasta el independentismo quiere sacar tajada de la visita del Santo Padre: los de Puigdemont hablan del regreso del "espíritu inquisitorial" español por no permitirse que la ceremonia en la Sagrada Familia transcurra íntegramente en catalán y bajo la mirada de la senyera. Poco a poco, puede que, entre el Gobierno central y el de Madrid, que no pueden disimular su enfrentamiento ni siquiera en esta ocasión memorable, unidos a las demasías de algunos políticos, acabaremos enrareciendo una visita que ya digo que, quizá lamentablemente, de ninguna manera se puede considerar meramente apostólica. En España, en las dos Españas, ya no hay lugar para lo meramente apostólico, me temo.
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