El retablo de maese Pedro

El retablo de maese Pedro

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Después de saber que los malos investigaban a los buenos sin salir de casa percibimos la sobrecarga en el retablo de la desvergüenza. Parece el camarote de los Hermanos Marx. O, mejor todavía, una página con las viñetas del gran Francisco Ibáñez en la "13 rue del Percebe". Aunque me inspira más la famosa obra de Manuel de Falla basada en un pasaje del Quijote. Por el nombre, simbolismo y versatilidad de estas composiciones del Barroco. Y, sobre todo, porque son marionetas las que escenifican la trama musical de "El retablo de maese Pedro".

La predela operativa de los fontaneros ("leires", "dolset", "fernández", "koldos", "zarrias" "juanmas"), las moscas que acudían al panal de rica miel ("aldamas", "julitos", "panos", "azagras") y el cuerpo central de jefazos con mando en plaza (Cerdán, Ábalos, Mercedes González y otros) tienen las calles y las entrecalles con exceso de aforo.

A punto de reventar. Tiembla el suelo del retablo porque todas las historias desembocan en maese Pedro, el de arriba del todo, por mucho que quiera encapsularlas en el segundo escaño bajo la cúspide. Y porque vuelve a planear la sombra negra de la financiación ilegal, una vez sabido que el juez reclama la información tributaria y financiera del PSOE durante los años transcurridos desde que Sánchez decidió consultar con la almohada compartida el desenlace de su chantaje al pueblo soberano en abril de 2024 (sus famosos cinco días de reflexión).

Vuelvo al retablo. En lo alto, el ático, la cúspide, se sienta Sánchez, a la diestra del dios padre (Zapatero). No quiere tocar el barro. Abajo es donde las calles y las entrecalles están atiborradas de nombres y más nombres adictos a las mordidas, las cloacas, el furtivismo, la sopa boba, la mentira y el juego sucio. Desde la cima observa el conjunto con distancia calculada. Con cara de yo no he sido. Y de vez en cuando solo mira hacia arriba ¿Habrá empezado ya a buscar el juicio de Dios y de la historia, como hacen los dictadores?

Los móviles y los medios de comunicación no van a dar abasto para retratar el caos que amenaza al PSOE de Sánchez. Se acerca la hora del hundimiento porque el incendio de la inmoralidad desvelada por los guardianes de la ley es incontrolable. Como en la entropía aprendida en la clase de Física está garantizado el desorden, la desbandada de una organización puesta "al servicio de una trama criminal", por decirlo en palabras extraídas del celo indagatorio de la Guardia Civil.

Cada vez me parece más seductora la imagen del caos inmovilizado en el famoso cuadro "Explosión en una catedral" que inspiró a Carpentier en "El siglo de las luces". La última palabra, la que mate, puede llegar en una moción de censura, un postrero ataque de vergüenza torera del "one" o, en fin, en la estrepitosa caída del santo por descomposición de la peana.


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