Este año tampoco habrá Presupuestos. Pedro Sánchez anuncia que el Gobierno que preside seguirá incumpliendo la Constitución. Por tercer año. Es un anuncio insólito que, al tiempo que delata el nulo respeto a la Carta Magna, desvela que hoy por hoy no cuenta con apoyo parlamentario suficiente para aprobar las cuentas del Estado y por eso, sin cortarse un pelo, dice que los presentará el año que viene.
Es un "ya veremos" porque en 2027 los mismos partidos que ahora le ningunean apoyo ("Junts", Podemos, Compromís) podrían mantener su rechazo a la vista de que será un año de urnas -legislativas y municipales- y en esos escenarios les complicaría la vida apoyar a un Gobierno al que vienen criticando por los casos de corrupción. Sánchez vive al día.
A estas alturas ya no tiene otro objetivo que prolongar su estancia en La Moncloa. Ante el horizonte judicial que dibujan los casos de corrupción que le rodean necesita estar al timón del aparato del Gobierno para aminorar daños y guarecerse en el búnker cuando arrecie la tormenta. Hace unos días, a su paso por Roma tras ser recibido en audiencia por el Papa, nos dejó una perla que nadie encontraría en el discurso de un demócrata.
Me refiero al anuncio de que no habría adelanto electoral porque -según él- "no respondería al interés general". Redondeó la idea añadiendo que a "España le conviene la estabilidad y no la "parálisis" que aparejan los procesos electorales. El bloqueo parlamentario transmite la evidencia de que la legislatura lleva ya tiempo en punto muerto aunque el Gobierno intenta disimular su incapacidad para sacar adelante nuevas leyes acudiendo a la vía del decreto-ley. En abuso y desprecio al Parlamento como institución clave en el proceso de control del Ejecutivo.
El último año de legislatura se anuncia como una agonía prolongada. Rodeado de escándalos y en horas sicológicas bajas -es evidente que la imputación del ex presidente Rodríguez Zapatero ha sido un mazazo inesperado-, este cuarto acto se avizora con un Pedro Sánchez braceando a la desesperada para retrasar el hundimiento.
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