El Partido de los Huérfanos

Fernando Jáuregui Colaborador de Opinión

Tengo la impresión de que si, además de un Partido Animalista, por poner un ejemplo, hubiese un Partido de Huérfanos Políticos, tal vez ganase estas elecciones, ante las que no hay día que no encuentres a alguien que te confiesa que no sabe a quién votar porque está decepcionado con todos. Lo cual no significa, dicen los análisis demoscópicos, que los ciudadanos españoles deserten de las ideologías clásicas, porque es cierto que cae el porcentaje de quienes se definen "sin ideología"; lo que ocurre es que la izquierda está cada vez más decepcionada con sus representantes y la derecha con los suyos.

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Esta decepción se traduce en lo que podríamos llamar una 'crisis de la moderación' en el ambiente político, y no hay más que ver cómo ha arrancado este periodo preelectoral para comprobarlo: tensión en las calles, tensión en los parlamentos (véase lo ocurrido este miércoles en la Asamblea de Madrid), tensión en las instituciones y continuos riesgos de estallido social.

Las posiciones extremadas, a izquierda y a derecha, están ocupando el relato político, y a algunas reacciones incluso crueles por un lado, hipócritamente doloridas por otro, me remito en relación a, por ejemplo, la muerte de quien ya pasará a la Historia como 'Marycarmen'. Todo un hito inédito el hecho de que en nuestra curiosa trayectoria política se haya focalizado todo en una anciana de 87 años, que solo luchaba por una reivindicación, quedarse en su casa.

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No es la primera vez que afrontamos una campaña electoral sumidos en la crispación y en una máxima tensión. Pero ocurre que, a mi juicio, es la primera vez que la afrontamos con múltiples focos, y no solo uno, para esa tensión: vivienda y todos sus derivados, Estado de bienestar, paz territorial (con el regreso de Puigdemont), (in)justicia social, 'ley de nietos', corrupción -ahí está el caso de 'las cloacas del PSOE' y, en otra medida, el'affaire Zapatero'--, son cartuchos de dinamita que están explotando al mismo tiempo. Y, por si fuera poco, como última demostración de que aquí cabe todo, tenemos ese presunto intento de contratar a unos delincuentes narcotraficantes para liquidar a la jueza del caso del hermano de Pedro Sánchez.

Creo que todo ello, y no solo la vivienda, estará presente, de uno y otro lado, en esa jornada de 'huelga general' a mi juicio tan equivocadamente convocada en las peores fechas posibles. Todos, partidos y sindicatos, y también algunos medios y quizá hasta algunos jueces, están, estamos, errando el tiro, instalando confrontación en lugar de diálogo, extremos en lugar de centrarnos, radicalidad en lugar de moderación.

Porque insisto en que muchos 'huérfanos', y a la lectura de las 'tripas' de las encuestas me encomiendo, piden moderación en el debate político y social. Creo que es la primera vez, desde hace muchos años, que las elecciones se perfilan sin una opción de centro político; bueno, para ser exactos, una se presenta en público este sábado, pero las premuras de la campaña y la precipitación en la convocatoria electoral seguramente restarán a esa 'Democracia 21' de Miriam González casi todas las posibilidades. No, no va ser ese, presumiblemente, el 'partido de los Huérfanos'.

Terrible el permanente fracaso de un centro que se hundió por los errores de quienes lo regentaban hasta entonces con bastante grado de acierto; y sí, hablo de Albert Ribera, uno de los grandes culpables de que estemos como e estamos, o antes de Rosa Díez o, antes, de los herederos de Adolfo Suárez. Ahora, este intento de última hora carecerá de tiempo, ya que no de espacio -ya digo que los 'huérfanos' de la derecha y la izquierda moderada son muchos, quizá hasta un 20 por ciento-para desarrollarse.

Una lástima, porque oigo propuestas interesantes, diagnósticos muy certeros a mi juicio acerca de lo mucho que está políticamente mal en el país de las contradicciones, los incumplimientos, la falta de diálogo y las inveracidades políticas; es decir, en el país de la inmoralidad política. ¿En quién creer, en quién confiar?, se preguntan, nos preguntamos, tantos huérfanos, que ya ni sabemos hacia dónde dirigir los ojos. Sabiendo, en todo caso, que tendremos que votar con la nariz tapada, como decía el gran Indro Montanelli. Y eso, la verdad, muy ilusionante no es que sea.


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