Lo más preocupante que escuché el viernes en las comparecencias parlamentarias de los ministros, especialmente la del titular de Exteriores, no fue ese continuo culpar a la oposición de todos los males de la patria: ahora, las responsables de los obvios fallos en la gestión de la crisis en Ceuta son. .. las redes sociales. Elon Musk, en versión fuera de micrófonos, ganando la guerra de los bulos, de la desinformación y de la opacidad a un Gobierno que tiene múltiples boquetes bajo el casco y que casi literalmente se la juega esta semana que entra.
Admitir, como casi explícitamente hizo el ministro Albares, que las malvadas redes sociales te han ganado la partida es una forma implícita de mostrar tu impotencia, aunque en tu discurso trates de decir exactamente lo contrario. Y me pareció esta intervención aún más peligrosa para la estabilidad gubernamental que la del titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, con su cúmulo de datos contradictorios, balbuceos y confusiones, en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados.
Ignoro la estrategia que vaya a seguir Pedro Sánchez cuando, finalmente, comparezca este lunes en una entrevista radiofónica y posteriormente el jueves en una sesión extraordinaria en el Congreso de los Diputados. No creo que sea buena cosa centrarse en atacar a la "ultraderecha y ahora también a la derecha" y, menos aún, a las redes sociales, de todas las desgracias, que eso ha sido este verano, una sucesión de desgracias con la entrada masiva de inmigrantes ilegales en Ceuta como nota dominante.
Lo que sí puedo asegurar es que el presidente y su grupo socialista se van a quedar muy solos en esta comparecencia parlamentaria 'estelar' del día 3: le van a sacudir de lo lindo, como presumo que ocurrirá el día anterior, miércoles, en las manifestaciones convocadas casi anónimamente (culpables, ya se sabe: las redes) 'en apoyo a Ceuta', o sea, en protesta contra el Gobierno.
Sánchez está muy solo. NI siquiera sus ministros, qué tiempos aquellos del histrionismo de María Jesús Montero, salen ya en tromba para apoyarle. Bastante ocupados están en sacudirse entre ellos, que menudo espectáculo deben ser los Consejos de Ministros de los martes. Los medios, quitando los que ya sabemos que apoyan, muy legítimamente, al Ejecutivo, la verdad es que son mayoritariamente críticos: es muy difícil defender esta forma de gobernar.
Y yo diría que existe una sensación de que no solo hay varios ministros, ya sabemos cuáles, literalmente abrasados: el presidente también parece estar, dicen, anímicamente tocado, y ya veremos esta semana si su muy reconocida resiliencia logra que al menos salve los muebles, porque tendrá que responder --¿responderá?-- a preguntas muy comprometidas procedentes de muchos sectores que se sienten desorientados ante la acción/inacción del Gobierno.
Puede que el mago Sánchez logre seguir controlando los platillos chinos, manteniendo su caudal de siete millones de votos, amarrando la fidelidad de algunos medios, de algunos juristas, de algunos líderes, no todos, en la UE. Lo que parece incapaz de conseguir es mantener a raya a las redes. Le están ganando la batalla, quizá nos la estén ganando a todos, anticipando un futuro aún más inquietante que el presente.
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