MADRID 24 Oct.
Creo que va siendo hora de poner más en valor cuanto diga en público la princesa Leonor, que debería tener más contactos con los ciudadanos, de manera que no sea excepcional cada uno de sus discursos. A mí, escuchar lo que tiene que decir a quien heredará la jefatura del Estado de la cuarta potencia económica de la UE en un contexto sin duda muy diferente al actual, me parece siempre significativo; oír que reconoce "desaliento", "escepticismo" e "indignación" entra los de su generación, esos 'zetas' que ocuparán el poder dentro de una década, me pareció un acto de realismo, precisamente cuando centenares de jóvenes están 'aparcados' en tiendas de campaña o en la desesperación ante un futuro muy, muy incierto. Y eso tiene que ver, claro, con las elecciones.
Me parecería un error pensar que los premios Princesa de Asturias son apenas un evento social, luminoso o incluso cultural. Es mucho más que eso. Es la presentación anual en sociedad de quien con casi toda probabilidad heredará la Corona española. Quiero creer que los próximos pasos de la inteligente estrategia del jefe de la Casa del Rey, el diplomático Camilo Villarino, darán mayor protagonismo 'político' a doña Leonor, que pienso que, por ejemplo, debería haber acompañado a sus padres a Ceuta, habría de asistir a la próxima 'cumbre' iberoamericana y debería empezar a conceder entrevistas a medios de comunicación, nacionales y extranjeros, seleccionados. Y esto también tiene que ver, claro, con las elecciones.
Porque estas son unas elecciones dominadas por Vox. Es el gran reto ante lo que parece que viene, que es una victoria en las urnas del PP en alianza con el partido de Abascal, que crece imparable en las encuestas, gracias, en buena parte, dicen, al voto joven desencantado con un PP 'tibio'. Personalmente, estoy en desacuerdo con casi casi todo lo que predica Vox, pero creo que forzoso es respetar a una formación que cuenta con tres millones de votos que podrían ser casi cinco si los sondeos acertasen. Tiene razón Feijóo en que pactar con ellos es necesario si se quiere 'echar al sanchismo', que parece que es su prioridad (¿?) absoluta. Pero, y pienso en el mensaje a los jóvenes, el Partido Popular habría de cuidarse mucho de caer incondicionalmente en los brazos de Abascal. No todo lo que él dice gusta, ni mucho menos, a todos los jóvenes. Ni a los mayores, desde luego.
Lo digo porque no me convencieron demasiado algunas cosas que le oí a Núñez Feijóo hace dos días en una importante entrevista radiofónica en la SER (mucho más seria, por supuesto, de la que horas antes le había hecho Broncano a Sánchez). El mensaje a los jóvenes 'zetas', que en su mayoría ya van a votar en estas elecciones del 29 de noviembre, no puede limitarse a restricciones a la eutanasia, al aborto y a la migración, por mucho que sean aspectos que deban prudentemente ajustarse. El problema es que no le escucho a Feijóo hablar de la profundización de la democracia, que tan tocada sale de esta Legislatura como para que el mismísimo Rey recuerde, el viernes desde Oviedo, que la democracia no consiste tan solo en votar cada cuatro años y que hay que fortalecer las instituciones. Quien quiera entender, que entienda.
El mensaje a nuestro 'zetas', o sea, a la generación de Leonor I, debe ser el que prioritariamente emitan los partidos en esta campaña electoral, en lugar de la vieja monserga de insultos y descalificaciones de unos contra otros; eso, Sánchez lo hace mejor que nadie. Sabe que lo interesante, en campaña, prima sobre lo importante, y que los jóvenes andan en TikTok más ansiosos de chascarrillos que de lectura de los programas electorales de los partidos, que piensan, acaso no sin algo de razón, que no sirven para nada. Labor hercúlea, quizá imposible, de Feijóo será revertir, en tantos sentidos, esta tendencia.
Y ese es también el papel importantísimo que yo atribuyo a Leonor I: convencer a sus 'desalentados' e 'indignados' coetáneos de que hay valores que los representantes políticos no les están transmitiendo, pero que ahí están, como garantía de supervivencia de la raza humana. Por eso digo que es necesario un mayor protagonismo público de Leonor: ha de ser un ejemplo para contrarrestar lo que otros, en este caos político preelectoral que vivimos, están haciendo. Que ocuparnos de nuestros hijos y nietos va mucho más allá de esas oportunistas 'leyes de nietos' que algunos utilizan para manipular el clima electoral, ya que el censo no pueden.
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¿Qué mensaje crees que debería priorizar la clase política para llegar a los votantes jóvenes en estas elecciones?
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