Lo confieso: no vi en su totalidad el programa de Broncano dedicado a ensalzar la figura de Pedro Sánchez, en un ambiente de distensión, frivolidad, camaradería y, sí, complicidad. No es la primera vez que la frivolidad televisiva entra en las campañas electorales, pretextando que estas son 'tan aburridas' que necesitan un poco de animación.
Y hemos visto a presidentes casi tirándose por el parapente, jugando al billar, cantando en un karaoke. Nada malo en ello, excepto que un jefe de Gobierno, saliente o entrante, tiene que mantener un mínimo de respeto por sí mismo, cosa que, a veces, lo comprobamos de nuevo en la noche de este jueves, no ocurre del todo.
En fin, pensar que una campaña se puede desarrollar sin contar con la televisión, o las televisiones, es una quimera, como lo es creer que las redes sociales son omnipotentes. Pero una cosa es organizar los debates entre los candidatos -que es la pelea sempiterna, el tira y afloja de cada fin de legislatura- y otra que, pongamos, Ibai Llanos sea el árbitro de la contienda verbal entre ellos. Nos hemos acostumbrado a la liviandad por encima del 'programa, programa, programa' que quería Julio Anguita, y ahora los programas electorales tienen una importancia muy secundaria frente a las cuchufletas.
Conste que lo que digo nada tiene que ver con hacer una campaña bienhumorada, lejos de esos tópicos de los que se rodean habitualmente los candidatos paseando por mercados y fábricas de automóviles, con el casco protector puesto, quizá para mostrar al ciudadano todo lo que trabajan. No sé, el caso es que nadie habla de las promesas de Feijóo hace unos días en el espacio Larra, incluyendo ese compromiso de construir un millón de viviendas, y todos hablan de que Broncano se 'atrevió' a preguntar a Sánchez su 'feliz' vida sexual.
Por supuesto, no quiero amargar la fiesta, pero hemos de recordar a quienes nos gobiernan y a los que, de una u otra manera, lo pretenden, que el mundo está en un cambio profundísimo, que no es solo tecnológico, sino social, económico y, claro, climático. Y quizá deberíamos recordarnos a nosotros mismos nuestro compromiso, como sociedad civil, con ese Cambio, con mayúsculas, que debemos transmitir a nuestros hijos y nietos. Y exigir a nuestros representantes y aspirantes a serlo que asuman ese mismo compromiso.
Broncano arrasó en audiencia en su charleta con el presidente del Gobierno de la cuarta potencia económica de la UE. O quizá quien arrasó fue Sánchez con esa desenvoltura más propia de un comediante que de un jefe de Gobierno, colocándose chapitas inadecuadas en la camisa y soltando risotadas un poco... ¿vulgares? Y sospecho que esto es solo el comienzo de una larga amistad. Menuda campaña nos espera, si Dios y nuestros políticos no lo remedian.
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¿Crees que los políticos deberían mantener una mayor distancia con los programas de entretenimiento durante las campañas electorales, o consideras que humanizarse ante la audiencia es legítimo en la política actual?
¿Piensas que los ciudadanos deberíamos exigir más énfasis en los programas electorales concretos que en las apariciones mediáticas de los candidatos?
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