El autor vincula el llamado ‘black Friday’ político a los casos que afectan a Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García, y sostiene que la sucesión de escándalos por presunta corrupción puede marcar un punto de inflexión en la política española y en el PSOE, al igual que ocurrió antes con el PP.
‘La Paqui’, Francisca Muñoz, esposa de Santos Cerdán, se ha hecho conocida por su afición al consumo, hasta el punto de que, según el texto, dependientes y dependientas de grandes almacenes la identificaban como usuaria constante de una tarjeta de empresa con la que su marido habría intentado, presuntamente, enriquecerse. El relato subraya que la situación ha cambiado para las ‘paquis’ que se benefician de la actividad ilícita, también presunta, de sus familiares o allegados, aunque se insiste en que no se puede meter a todas las personas en el mismo saco.
El artículo recalca que no ha sido solo ‘la Paqui’, descrita como “muy respetable” y ahora medio escondida en la localidad navarra de Milagro junto a su marido, el ex ‘número tres’ del PSOE recién salido de prisión y a la espera de juicio, quien ha sufrido este ‘black Friday’. Ese mismo viernes, según se indica, ingresaron en la cárcel de Soto del Real José Luis Ábalos y su colaborador Koldo García, tras haber pasado su primera noche en prisión.
El autor considera que este ‘black Friday’, coincidente con el inicio de la semana de consumo masivo en un país donde el gasto está batiendo récords, puede marcar un antes y un después en la política española. A su juicio, no se trata de episodios aislados que afecten a Cerdán, Koldo, Ábalos, Aldama o Leire Díez, sino de una dinámica en la que en el PSOE, como antes en el PP, habría existido una permisividad y una “vista gorda” ante manejos que debieron detectarse, frenarse y sancionarse y que, sin embargo, no se atajaron.
El texto añade que, por el momento, deja al margen otras formas de corrupción que se sumarían a los cobros de comisiones y a la entrada en la sede de Ferraz de Bolsas y sobres con dinero en efectivo. Entre esas prácticas menciona seguimientos ilegales destinados a desprestigiar o chantajear a periodistas, rivales políticos, banqueros, empresarios y guardias civiles, entre otros colectivos.
El autor sostiene que todo eso, junto a los asuntos de Hidrocarburos, el caso de Delcy y sus maletas o el uso de Pegasus y las escuchas ilegales, “acabará estallando”. A partir de ahí, se pregunta qué más tiene que suceder para que en La Moncloa y en Ferraz tomen conciencia de que la situación no puede prolongarse “ni un día más”, subrayando la necesidad de una reacción interna ante este escenario.
En el análisis se aclara que no se está aludiendo a las manifestaciones que pueda convocar el PP, que se describen como una forma de oposición rutinaria y poco audaz, aunque se reconoce que el riesgo de una marcha con escasa asistencia, agravado por la previsión de un 65 por ciento de probabilidad de lluvia el domingo, debe valorarse en la sede de Génova. La atención se desplaza así de la oposición parlamentaria a los procesos judiciales y a sus protagonistas.
El texto afirma que la verdadera oposición al Gobierno de PSOE/Sumar la encarnan en estos momentos “un tal Ábalos, un tal Koldo y hasta un tal Cerdán”, en el supuesto de que cualquiera de ellos, o figuras como Leire Díez o Aldama, decida “cantar” abiertamente. Lo que se considera más grave es que el Ejecutivo pueda depender de que un delincuente, en caso de serlo, decida “largar” informaciones que se sospecha que conoce y provoque la caída de todo el Gobierno y del “statu quo” establecido en 2018.
En este contexto, el hecho de que ‘la Paqui’ no pueda ir de compras durante estos días de fuerte impulso consumista se presenta como un mal menor, aunque significativo, frente a lo que podría suceder si se confirman las sospechas y se producen nuevas revelaciones. El autor sostiene que “todos creemos que algo ocurrirá”, porque considera imposible que no pase nada ante la acumulación de indicios y casos.
El artículo cuestiona que, en unas circunstancias en las que, según se afirma, “ya ni se controla el Parlamento”, se pretenda mantener la idea de que la normalidad es la tónica general. Esa pretensión se califica como algo “verdaderamente anormal”, en un escenario marcado por investigaciones judiciales, tensiones internas y dudas sobre la estabilidad institucional.
Finalmente, el texto apunta que diciembre, con independencia de que la oposición decida o no salir a la calle —se sugiere que no se atreve a presentar una moción de censura—, será un mes “épico” en las portadas de los periódicos, anticipando una sucesión de informaciones relevantes sobre estos casos y sus posibles consecuencias políticas.
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