El adelanto del encendido de las luces navideñas se interpreta como un intento de contrarrestar un clima de crispación política creciente, alimentado deliberadamente por distintas formaciones para movilizar a una ciudadanía percibida como apática.
El encendido cada vez más madrugador de las luces navideñas, más allá de su componente de moda, se presenta como un impulso orientado a alegrar el panorama social frente al clima de tensión soterrada que procede de la política. Esa tensión, según el análisis, la fomentan algunos partidos con el cálculo de movilizar a una ciudadanía a la que observan distante y poco implicada.
Al intentar fijar una fecha contemporánea para esa estrategia, surge el recuerdo de una frase del entonces Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero durante la campaña de las elecciones de 2008. Un micrófono abierto de forma inadvertida recogió cómo decía al periodista que acababa de entrevistarle: "Nos conviene que haya tensión. A partir de este fin de semana yo voy a empezar a dramatizar un poco porque si no la gente... la tensión nos conviene".
El texto presenta a Rodríguez Zapatero como “un falso bueno en todo” y sostiene que, en aquella ocasión, expresó una verdad que otros actores políticos han asumido posteriormente. La idea central es crear tensión que fermenta apelando a viejos antagonismos, reactivando divisiones históricas en la sociedad española.
En este contexto, se alude a las “dos Españas” de triste memoria, que, según el artículo, las izquierdas han elevado en años posteriores a la categoría de dogma. Se apunta que ese marco se utiliza para tratar de estigmatizar a la derecha mediante el discurso político y a través de los actos derivados de la Ley de Memoria Histórica.
El resultado buscado con esta dinámica sería la polarización, es decir, la división en dos bloques de la sociedad. El objetivo sería que los votantes decidieran su apoyo no tanto en función del balance de la gestión de quienes les piden el voto, sino como un acto emocional: hayan hecho lo que hayan hecho, no importa, porque "son los nuestros".
En la historia reciente, el texto sitúa a Zapatero como precedente de una serie de dirigentes que habrían seguido esa línea. Primero menciona a Pablo Iglesias, que, según este análisis, trató y en parte consiguió temporalmente "asaltar los cielos" sembrando discordia al frente del Movimiento del 15 M, caldo de cultivo del partido Podemos.
Posteriormente, el artículo señala que Pedro Sánchez recogió el testigo y asumió esa estrategia, teorizando sobre la conveniencia de levantar un muro con la finalidad declarada de cerrar el paso a la derecha e impedir la alternancia política. Se describe así una continuidad en el uso de la tensión como herramienta.
Según el texto, la situación actual corresponde a una fase aguda de este proceso. Se cita que, desde la Sala de Prensa del Consejo de Ministros, la vicepresidenta Yolanda Díaz convocó a manifestarse contra los jueces del Tribunal Supremo. A la vez, desde Podemos, Jone Belarra habría invitado hace unos días a "reventar a la derecha".
El análisis añade que, desde el púlpito de La Moncloa y sus terminales mediáticas, se predica el miedo a la alternancia. En este esquema, el "dóberman" actual serían VOX y el PP como compañero de viaje, un trazo grueso que, según se afirma, funciona en términos de movilización y relato político.
El texto sostiene que Sumar y la micronesia de partidos de la extrema izquierda se hunden en las encuestas, mientras que el PSOE resiste pese a la "corona de escándalos" relacionados con casos de corrupción. En este marco, se concluye que la tensión como cortina de humo está funcionando como herramienta política.
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