Pedro I, El Mentiroso, es un genio insuperable en la mentira, pero no es muy hábil en el vocabulario. El otro día, debido a esa confusión, habló de que "Cataluña y España serán países más prósperos". Vamos a leer el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española). En el término relativo a "nación" dice: "conjunto de los habitantes de un país, regido por el mismo Gobierno".
La autonomía de Cataluña es muy amplia, pero ni el Ejército, ni la Policía, ni la Guardia Civil, dependen de la autonomía catalana. Por empezar con el primero, el Ejército, Cataluña carece de él, porque no es una nación. Y lo que encontramos en Cataluña es el Regimiento de Infantería 63 "Barcelona", en Barcelona, naturalmente, y otro regimiento en El Bruch. Ejército de la España a la que pertenece Cataluña.
En lo que respecta a "país", el diccionario nos dice: "territorio constituido en Estado soberano". ¿Puede ser soberano un autollamado "país", que tiene fuerzas del Ejército de otro país, del que no ha sabido salirse, y policías y guardias civiles en las fronteras, que vigilan quién entra y quién sale, y que no controla? Hace unos nueve años, cuando Patxi López no había comenzado en su indigna decadencia, y no era el mentiroso al servicio de su mentiroso jefe, sino su rival, le preguntó al que, luego, sería su señorito: "¿Pedro, tú sabes los que es una nación? No ¿Sabes lo que es un país?". En el año 2026, Pedro I, El Mentiroso, todavía no lo ha aprendido, pero necesita la mentira para procurarse los votos de los españoles secesionistas que no quieren ser españoles, y que ignoran que todas las naciones se han formado con guerras y sangre. La independencia no es un trámite burocrático, como el que va a anular una multa o a pedir un permiso administrativo, sino una larga historia de conflictos, con muchas vidas sacrificadas y mucho dolor.
La de España, por ejemplo, cuenta con la Guerra de la Independencia, en la que la provincia de Gerona fue una de las más bravas, de las más españolistas, aunque hoy parece que es predio de los que se quieren separar, pero no tienen las agallas de aquellos gerundenses que defendieron su libertad en el siglo XIX. Me he equivocado en el título de este artículo. No es incultura. Es lo mismo de siempre: la enfermiza y consustancial mentira para sostenerse, sin miedo al ridículo.
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