Al líder del PP le rentará más disimular las prisas. Lo suyo es esperar sentado la cuenta atrás de Sánchez. El braceo le perjudica. Pero Núñez Feijóo, el aspirante a la Moncloa, quema energías innecesariamente buscando el apoyo de la derecha independentista (Junts) y predicando que la clave del desbloqueo está en Cataluña.
La tecla es el empresariado. Se le supone partidario de la gobernabilidad del Estado como antídoto de la incertidumbre, la presión fiscal y el desorden regulatorio. Y por eso Feijóo viajó a Barcelona para comentar la jugada con los socios del Cercle d'Economia. Por si convencía a los siete diputados de Puigdemont de prestar sus votos en una eventual moción de censura que cancelase al todavía Presidente del Gobierno.
Intento fallido. No habrá cordada PP-VOX-Junts para tumbar a Sánchez. Por dos razones:
Una, la élite empresarial del Cercle se ha ofendido porque Feijóo les ha afeado su indolencia frente a la anomalía democrática que vive España. "Lo haré con o sin ayuda", dice, cuando en realidad quería decir "lo haré con vuestra ayuda o sin ella".
La otra razón es que en Junts quieren que rinda honores a Puigdemont en Waterloo. Y ahí hay que reconocer reflejos, lucidez y claridad de juicio al líder del PP. Con muy pocas palabras, apenas una exclamación, ventiló el ofrecimiento de tratar personalmente el asunto de la moción de censura con el auto-desterrado de Waterloo: "¡Vamos a hablar de cosas serias¡", dijo.
Era lo que la faltaba a Feijóo: suicidarse incluso antes de haber llegado a la Moncloa. No tanto por el hecho de prestar reconocimiento y pleitesía al golpista, sino porque, aún en el caso de que hiciera ese viaje, habría vuelto con las manos vacías, sin coste alguno para el anfitrión -más bien al contrario- y muy gravoso para el visitante.
Era la trampa en la que no ha caído el aspirante.
¿Por qué estoy tan seguro de que, de todos modos, Junts seguirá esperando la muerte política natural de Sánchez legalmente programada para el verano de 2027?
Pues, por saber que le irá peor a los independentistas con un Gobierno de la derecha a escala nacional. Y porque, en cualquier caso, no tienen interés en regenerar los usos y costumbres de la democracia en España.
En todo caso, estarían encantados de erosionarla. Es lo que les pide su alma identitaria, perfectamente expresado en las conocidas pedradas verbales de Miriam Nogueras, portavoz de Junts en el Congreso, cuando dice alto y claro que los independentistas catalanes no han venido a Madrid a garantizar la gobernabilidad de España ni a ser puntales de un Estado del que se quieren separar.
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