Las palabras de León XIV en España se van a escuchar con enorme atención por varios motivos: porque es un Papa valiente que no busca pelea pero que no se calla ante los poderosos, como ya ha demostrado.
Porque su autoridad moral es hoy tal vez la única indiscutible e indiscutida por todos y si no hay autoridad moral, sólo hay poder. Porque conoce los desafíos a los que nos enfrentamos como sociedad y ya ha dado pruebas de ello en su reciente encíclica Magnífica Humanitas, aunque este texto papal es mucho más que un documento sobre la Inteligencia Artificial: es una puesta a punto de la doctrina social de la Iglesia ante un cambio de época. Porque ha puesto sobre la mesa respuestas a los problemas que nos abruman: la paz desarmada, la verdad, la justicia social, la solidaridad, el diálogo abierto son los urgencias de nuestro tiempo. Porque en Madrid, Barcelona y Canarias, tres hitos de un mismo objetivo, va a hablar para cristianos y no cristianos invitándoles a conjugar la verdad, la belleza y la solidaridad con los más desfavorecidos, con los migrantes, con los más pobres. Y a condenar todo tipo de abusos, porque eso forma parte también de su esencia pastoral.
También porque va a ser el primer Papa en hablar ante el Parlamento español en un momento en el que la corrupción, la polarización y la confrontación se han instalado como armas de destrucción de la polìtica y de la confianza ciudadana y va a decir que la dignidad humana, el bien común, la verdad y la ejemplaridad son instrumentos imprescindibles de la polìtica. Y, además, porque va a hablar en español para que le escuchen no solo en España sino en toda Hispanoamérica y también los sesenta millones de hispanos que están en Estados Unidos. Su voz se va a multiplicar desde España a todo el mundo que habla la misma lengua. La mitad del catolicismo universal habla español. Será un mensaje sin fronteras. De alguna manera, León XIV, un Papa que ha crecido como tal en silencio, nos va a poner ante el reto de decidir qué mundo estamos construyendo y cuál queremos construir. Cómo queremos que se eduquen nuestros hijos y para qué. Y cómo estamos obligados todos, no sólo los católicos, a levantar la voz ante las injusticias y los excesos del poder, a abrir las puertas al diálogo, a desarmar las palabras, a trabajar juntos, a impedir que cada vez el poder esté concentrado en menos manos, a desarmar la IA y el tecnocolonialismo que amenaza a los más débiles aunque abre grandes expectativas o a evitar que la riqueza de unos pocos conviva con la pobreza creciente de muchísimos más.
Es imprescindible alzar la mirada, el lema de este viaje, para dar valor a la palabra, para hacer de la escucha un instrumento de entendimiento, para romper la dialéctica de los contrarios, cuando no de los enemigos. Este Papa va a hablar de que los hombres, independientemente de nuestras creencias religiosas, tenemos una conciencia que nos debería impulsar hacia el bien común. ¿Por qué pudiendo hacer una vida mejor para casi todos nos empeñamos en enfrentar a unos contra otros, en desperdiciar recursos, en condenar a la miseria a millones de hombres, mujeres y niños, en guerras todas injustas? El Dios de León XIV es el Dios que predica una civilización de justicia y solidaridad, de verdad y amor, de paz y generosidad. Que nadie se apropie sus palabras sectariamente. Que todos seamos capaces de alojarlas en una mente y un corazón limpios. Esta es una visita muy importante en medio de una crisis espiritual de la sociedad y una profunda crisis internacional. Debería serlo.
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