
El Gobierno ha decidido aplazar hasta 2030 el cierre de la central nuclear de Almaraz. Una decisión que llega con nocturnidad, con opacidad y, sobre todo, con una evidente sensación de provisionalidad. Seguirá funcionando, pero el problema de fondo continúa intacto: España mantiene su hoja de ruta para cerrar sus siete reactores nucleares entre 2030 y 2035. De hecho, no se ha modificado el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. No hay, por tanto, un cambio de estrategia. El Gobierno continúa apostando todo a las renovables, a la gestión de la demanda y a unas futuras interconexiones. Y este es el gran problema, porque después del apagón total del 28 de abril de 2025 y de los posteriores amagos se ha vuelto a poner de manifiesto la fragilidad del sistema.
La energía nuclear no es la solución única, tampoco lo son las renovables. La prueba es que mientras España mantiene su calendario de cierre, el mundo hace justamente lo contrario. Los países que ya disponen de centrales nucleares están prolongando su vida útil, modernizando sus instalaciones y preparando nuevos reactores. Y aquellos que apenas tienen nuclear o carecen de ella están incorporándola a sus planes energéticos. La prórroga de Almaraz es una buena noticia, pero insuficiente, ya que se conserva intacto el calendario para acabar con los otros seis reactores. No es un cambio de rumbo en la política energética sino un parche con trastienda ideológica y económica. No hay que olvidar que en el mercado mayorista, todos los productores cobran el precio que fija la última energía necesaria para cubrir la demanda que suele ser el gas, muy beneficioso para los productores renovables, pero no para los consumidores. Este verano, por ejemplo, a pesar de la producción, estamos tirando tanta energía renovable como la que consumirían 4 millones de hogares o toda La Rioja.
Almaraz, además, es empleo, actividad económica, ingresos y futuro para toda una comarca. Alcaldes, trabajadores, empresarios y ciudadanos han dado una batalla incansable en España y en Europa para defender su continuidad. Hoy tienen un motivo para respirar tranquilos, aunque nunca un parche es la solución ni para su comarca ni para acabar con el problema energético de este país. No tomar decisiones a medio y largo plazo hará que el recibo siga siendo caro y que la industria tenga que salir al rescate para evitar apagones. Por si esto fuera poco, tampoco hay un plan para ampliar la red, por lo que miles de millones de inversión y cientos de miles de viviendas siguen sin saber cuándo dispondrán de electricidad.
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