Donald Trump anuncia que retirará cinco mil soldados de las bases que los norteamericanos mantienen en Alemania. Aunque, dadas sus atrabiliarias amenazas, la cosa lo mismo se quede en un aviso, lo prudente sería tomar en serio la amenaza.
Así parece que ha sido recibida en Berlín, dando pie a unas declaraciones del canciller Friedrich Merz en las que, tras anunciar un incremento significativo en el presupuesto de Defensa de la República Federal, invita al resto de los países de la UE a considerar el rearme como una prioridad. Países que en Europa, desde la creación en 1949 de la OTAN, están bajo el paraguas de esta alianza político-militar cuyo músculo capital lo aportan las Fuerzas Armadas norteamericanas, el grueso de las cuales están estacionadas en la base aérea de Ramstein. Situada en Renania-Palatinado acoge una variada gama de aviones. Entre otros los veteranos cazas de combate a tierra A-10 cargados con proyectiles de uranio empobrecido diseñados para contrarrestar la superioridad numérica de blindados por parte de la Unión Soviética. Fueron una pieza esencial de la panoplia de disuasión occidental durante los años de la Guerra Fría.
La URSS desapareció, pero Rusia, heredera de su visión imperialista, sigue. Y desde hace cuatro años está implicada a fondo en una guerra de conquista en Ucrania. Una invasión ilegal al margen del derecho internacional. Para la Europa que forman los países democráticos, la amenaza que procede el Este no es una metáfora ideada para crear alarma y favorecer los intereses de los fabricantes de armas, crítica recurrente dentro y fuera de España de portavoces de algunos partidos del espectro izquierdista orbitados con Moscú. No es una metáfora, es una realidad. Tan real como los ataques de misiles y drones que, día tras día, sufren en las principales ciudades de Ucrania.
Que la Alemania que durante las tres últimas generaciones (desde la derrota en II Guerra Mundial) estuviera sometida a restricciones en materia de Defensa, al igual que ocurría con Japón, obedecía a las condiciones de capitulación impuestas por los vencedores. Entre otras, la presencia de tropas americanas que se viene prolongando hasta nuestros días. Pero esa situación podría estar en puertas de cambiar sí Washington lleva a efecto la retirada que anuncia el presidente Trump. Por si acaso, Alemania lleva ya algún tiempo rearmándose. También Francia y el Reino Unido anuncian incrementos significativos en sus respectivos presupuestos de Defensa. Visto que Trump también le tiene puesto la "mota negra" a la OTAN, se entiende que en Berlín se hayan tomado muy en serio el mencionado anuncio de retirada del "amigo americano". Vivimos tiempo revueltos en los que sin ánimo de alarmar podría estar cobrando sentido la máxima latina: "Si vis pacen, para bellum".
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