Sobre el colosal, eterno e inalcanzable genio de Bach

Sobre el colosal, eterno e inalcanzable genio de Bach

“Si ha habido un compositor que haya hecho uso de los más ocultos secretos de la armonía con el mayor arte, ese ha sido nuestro Bach. Nadie ha hecho gala de tantas ideas ingeniosas e inusuales como él en la elaboración de piezas consideradas aparentemente áridos ejercicios de destreza”. Puede en principio parecer que estas palabras del compositor, organista y escritor alemán Johann Friedrich Agricola (1720-1774), discípulo de Bach, en el obituario emocionado de su maestro, responden al clásico panegírico que uno espera en documentos de ese estilo. Y, sin embargo, resultan ser de una rotunda certeza. La música de Bach no solo es perfecta. No solo es bellísima. No solo es emocionante. La emoción es derivada inevitable tras admirar una hermosura y perfección que parecen sobrehumanas, pero también tiene origen en la capacidad, aparentemente inagotable, de su música para revelarnos, en cada escucha, en cada interpretación, un nuevo guiño de inventiva, una nueva ocurrencia que permanecía cuidadosamente camuflada a la espera de sorprendernos. Penetrar en todos los secretos de la música de Bach es una aventura que se antoja utópica. Porque es, en efecto, de un ingenio, riqueza y complejidad de elaboración inabarcables. De ahí la sucesión en cadena del asombro ante la belleza de algo tan ingenioso y perfecto y, como inevitable consecuencia de todo ello, la emocionada admiración.  

Mucho ha cambiado en el último siglo y medio lo que sabemos sobre la obra de ese genio inigualable llamado Johann Sebastian Bach. La investigación, los descubrimientos, el ordenamiento de su gigantesco catálogo y la creación del Archivo Bach en Leipzig, que además hoy dispone de asombrosos y utilísimos recursos digitales (accesible también en español) que incluyen, entre otras cosas, el acceso a todos los manuscritos disponibles del compositor (o, cuando faltan originales, copias de diverso origen) han permitido a estudiosos, aficionados, músicos e investigadores acercarse a una cantidad ingente de información impensable cuando se publicaron biografías y estudios pioneros como los de Johann Nikolaus Forkel (1802), Philipp Spitta (1889) o Albert Schweitzer (1905, existe edición en español de 1955), que durante décadas han nutrido nuestras ganas de saber más sobre la figura colosal del Cantor de Leipzig. 

Entre los empeños de llevar el conocimiento de Bach a otro nivel, es fácil poner en uno de los lugares más altos el que desde hace años lleva a cabo el incansable musicólogo alemán Christoph Wolff (Solingen, 1940). Wolff ha firmado estudios impagables, rigurosos y profundos, sobre la vida y obra de Bach, con volúmenes imprescindibles en la biblioteca de cualquiera que pretenda ahondar en la vida y obra del autor de “La Pasión según san Mateo”. Aunque faltan ediciones españolas de volúmenes esenciales en la producción de Wolff, aún no traducidos, es referencia moderna obligada el titulado “Bach: el músico sabio” (finalista del Pulitzer en 2001; la edición española la publicó la editorial Ediciones Robinbook en 2008), y a él se viene a añadir el volumen objeto de este comentario, “El universo musical de Bach” (Acantilado), publicado originalmente en inglés en 2020 y que ahora se edita en nuestro idioma con traducción de Francisco López Martín y Vicent Minguet. Wolff, profesor emérito en Harvard y director del mencionado Archivo Bach de Leipzig entre los años 2001 y 2014, ha tenido además, un papel decisivo en la edición de muchas de las obras bachianas amparadas por la que hoy se antoja como referencia absoluta en lo que se refiere a la edición de sus partituras: la “Nueva Edición Bach” (Neue Bach Ausgabe).

Importa todo este preámbulo porque el extenso libro, como cabía esperar de alguien con tan apabullante autoridad, se convierte en una nueva referencia esencial para cualquier músico o aficionado a la obra del Cantor de Leipzig. “El universo musical de Bach”, pese al subtítulo “El compositor y su obra”, no pretende un repaso al uso. Como señala el propio Wolff en las primeras líneas del prefacio, “someter a examen crítico la totalidad de la producción de Bach no sería más que un ejercicio fútil y frustrante”. Es una conclusión perfectamente lógica por la misma complejidad y dimensión del colosal legado del Cantor apuntada al principio de este comentario. 

Por eso cita oportunamente el propio autor las palabras de Agricola que encabezan el artículo. Y cualquiera que conozca al menos parte del corpus bachiano en cierto detalle, bien como ejecutante o como simple aficionado, dará la razón a Wolff con seguridad. Lo que hace Wolff, en vez de ese repaso al uso, es seleccionar una serie de obras que ordena y analiza de forma que se presentan, utilizando su propia expresión, como “la autobiografía musical más poderosa y auténtica imaginable”. 

El prólogo, titulado “Sobre la primacía y la omnipresencia de la polifonía – la tarjeta de presentación del compositor”, ya nos da una idea de lo exhaustivo y riguroso que va a ser el estudio del musicólogo germano. Apunta, con toda razón, que en su tiempo Bach fue especialmente conocido como un grandísimo virtuoso del órgano, pero en realidad, para el propio Bach, la faceta esencial era la de compositor. Explica así el detalle de que, en el único retrato auténtico conservado de Bach, realizado por Elias Gottlob Haussmann en 1748 (dos años antes de la muerte del músico), Bach se presente con una partitura en la mano, en lugar de aparecer, como otros, junto al instrumento en cuya ejecución destacaban. Que la partitura retratada fuera un Canon triple a seis voces, el decimotercero de la colección de catorce producidos sobre el bajo del “Aria” de las “Variaciones Goldberg”, fue sin duda intencionado. En palabras de Wolff, es como si Bach quisiera decir: “este soy yo y a esto me dedico: el arte de la polifonía contrapuntística”.

Lo que sigue es un recorrido fascinante, tan erudito como apasionante, por una selección cuidadosamente ordenada de obras en ocho capítulos, que son agrupadas de manera tan inteligente como atractiva. Sirvan de ejemplo el capítulo segundo “Enfoques transformadores de la composición y la interpretación – Tres cuadernos para teclado extraordinarios”, en el que repasa con apabullante autoridad el “Pequeño libro para órgano” (Orgelbüchlein), el “Clave bien temperado” y la colección de “Invenciones y Sinfonías”, el cuarto, que bajo el título de “El más ambicioso de los proyectos” penetra en las cantatas corales escritas para todo el año, o el sexto, “Un grandioso ciclo litúrgico sobre el Mesías” en el que estudia con detalle las Pasiones (incluyendo la “Pasión según San Marcos”) y los oratorios de Navidad, Pascua y Ascensión. 

La obra culmina con un octavo capítulo que, como no podía ser de otra manera para ese genio de la polifonía contrapuntística, se titula “La culminación de la polifonía instrumental y vocal” y se dedica a dos obras que son auténticos monumentos de ambas: “El arte de la fuga” y la “Misa en sí menor”. El valioso volumen, cuidadosamente editado, se completa con bibliografía, cronología, índices onomástico y analítico y, algo muy importante con un catálogo tan imponente como el de Bach, un índice de las obras del Cantor por géneros y por títulos. 

Sí, la mente de Bach y su obra nos abruman, no solo por su perfección, sino por la compleja elaboración que, una vez más, Christoph Wolff desgrana con su proverbial autoridad en este excelente libro. Pese a la rendida admiración de aquella necrológica de Agricola, la avanzada complejidad de su obra la llevaría a permanecer como objeto de interés para unos pocos conocedores, hasta que, mucho tiempo después, otro genio, Félix Mendelssohn, resucitó en 1829 “La Pasión según san Mateo” para asombro del mundo musical. 

Un asombro que sigue vivo hoy en día, porque la colosal dimensión de la obra Bach está por encima del tiempo. Hoy, por fortuna, somos muy conscientes (como lo era Agricola) de lo intemporal del genio del Cantor, que goza de gran predicamento. Obras como la de Wolff, que muestran el inmenso universo musical de Bach, contribuyen sin duda a que lo admiremos cada día más.

@estaciondecult