“Moon Tiger”, la historia del mundo desde una cama de hospital

“Moon Tiger”, la historia del mundo desde una cama de hospital

Penelope Lively (El Cairo, 1933) es una de las voces más reconocidas y prolíficas de la narrativa contemporánea británica. Su trayectoria profesional tuvo comienzo en el ámbito de la literatura infantil, aunque ya sus primeras novelas para adultos le valieron la alabanza de la crítica, llegando a ser nominada en varias ocasiones para galardones como el Premio Booker. No es hasta el año 1987 cuando finalmente se hace con él gracias a su novela “Moon Tiger” (1987, Impedimenta, 2025), una delicia que se ha señalado como una obra maestra de la literatura británica reciente.

A sus 76 años, la famosa periodista e historiadora Claudia Hampton pasa sus últimos días de vida en la habitación de un hospital londinense a causa de una enfermedad terminal. En este estado de desorientación –y, a la vez, de lucidez–, todos sus recuerdos se entrelazan y se desorganizan como en una espiral. Es entonces cuando decide hacer una recapitulación de su vida y escribir una historia universal; deseo que expresa en la primera página de la novela: “Una historia del mundo, sí. Y de paso, la mía propia. La vida y época de Claudia H. El trocito de siglo XX al que he estado encadenada caprichosamente, me guste o no. Quiero contemplarme a mí misma en mi contexto: todo y nada. La historia del mundo vista por los ojos de Claudia: realidad y ficción, mito y evidencia, imágenes y documentos”. 

Este perspectivismo se aborda desde dos enfoques: por una parte, desde la propia historia y, por otra, desde la metaliteratura, pues la propia forma de narrar refleja estas dicotomías. Un mismo hecho es referido desde los distintos puntos de vista de los personajes; incluso, es común que la autora cambie las palabras de una misma conversación. Esta narración experimental, que relaciona contenido y forma, pone de manifiesto la riqueza filosófica de la obra, pues, a través de ella, Lively ahonda en muchas cuestiones como la relación entre realidad y lenguaje, la memoria como algo selectivo y manipulador, la subjetividad de toda experiencia, la percepción del paso del tiempo o la manera en que nos afectan los recuerdos.

En relación con esto, si hay algo que se le puede recriminar a la novela es que, aunque el modo de narrar sea muy interesante, resulta inconsecuente. Hay hasta tres modos de narración: el relato compuesto por los recuerdos de Claudia en primera persona, los puntos de vista de otros personajes y la vuelta al presente a la habitación de hospital con un narrador omnisciente. Sin embargo, quizás esto forme parte de la intención de la autora de presentar una concepción del tiempo no lineal y una idea de la historia como algo ilógico e inconexo. Sea como fuere, es cierto que esto puede desorientar al lector. 

Con respecto al contenido de la novela, en “Moon Tiger” van aflorando fragmentos descolocados de la vida de Claudia que, según avanza la novela, Irán tejiéndose en el gran tapiz de la memoria: su experiencia como cronista bélica en El Cairo durante la Segunda Guerra Mundial, sus diferentes lances amorosos, sus relaciones familiares, su ascenso a la fama… Así, sorprende la amplitud de la obra, en el sentido de que abarca muchos temas y preocupaciones humanas. Y contar la historia a través de la memoria de toda una vida, además de con la introspección propia de la primera persona, es una decisión certera si lo que se pretende es centrarse en lo que acontece en la existencia humana. Por eso, en parte, resulta también una historia universal como pretendía la protagonista. El amor, la familia, la guerra, la nostalgia, la búsqueda de identidad, el duelo… son temas que hacen de “Moon Tiger” una obra que se pueda leer en cualquier lugar, en cualquier tiempo, en definitiva, universal.

Cabe destacar también la belleza presente en esta novela, así como la sensibilidad con que está escrita. La autora hace uso de preciosas imágenes, un lenguaje exquisito y poético; y todo ello plasmado en una fotografía un tanto etérea del color sepia característico del paso del tiempo. Lively logra representar en “Moon Tiger” los temas que le obsesionan también estilísticamente. Por otra parte, cabe destacar que esta aparente seriedad no impide que la obra tenga un agudo –y curioso– sentido del humor, con personajes emblemáticos y sorprendentemente divertidos.

Como resultado de todo esto, queda una novela nada fácil de encontrar: una obra que consiga ser la síntesis de una riqueza filosófica abrumadora, de una belleza y sensibilidad que emocionan y de una ingeniosa comicidad. En definitiva, aquella propuesta tan ambiciosa que se había propuesto Claudia Hampton no decepciona al lector y, efectivamente, la novela cumple con lo que buscaba en su lecho de muerte: un relato universal.

@estaciondecult