La fábrica que convirtió a Pinto en un pueblo ligado al chocolate

La fábrica que convirtió a Pinto en un pueblo ligado al chocolate

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Pinto celebra el aniversario de la primera fábrica española que elaboró chocolate a vapor, instalada en 1866.

Pinto conmemora este año los 160 años desde la inauguración de la primera fábrica española que elaboró chocolate a vapor y a gran escala, una industria que transformó completamente la economía del municipio, proporcionó empleo a centenares de vecinos y convirtió el cacao en una de sus principales señas de identidad.

Boletín horario Edición de las 07:31 Domingo 20 de septiembre

Todo comenzó el 1 de agosto de 1866 con la puesta en marcha de la fábrica de la Compañía Colonial por iniciativa del empresario francés Jaime Méric Saisset, quien había comenzado a fabricar chocolate en Madrid en 1854. La falta de espacio para crecer en la capital le llevó a trasladar la producción a Pinto, donde encontró terrenos y una conexión ferroviaria privilegiada para desarrollar su proyecto industrial.

El complejo se levantó junto a la línea ferroviaria Madrid-Aranjuez, inaugurada en 1851, una ubicación clave para recibir materias primas y distribuir productos. El ferrocarril terminó entrando en el propio recinto mediante muelles, vagonetas y vías interiores, por donde llegaban sacos de cacao procedentes de Cuba, Fernando Póo, Caracas o Soconusco, además de canela de Ceilán, café de las Antillas y té de China. La fábrica comenzó produciendo unas 3.500 libras de chocolate al día, cifra que ascendió a 10.000 libras en 1870 y a 15.000 diarias una década después.

A finales del siglo XIX, La Colonial era una pequeña ciudad industrial dentro de Pinto. El complejo reunía 50 cuerpos de edificios y más de 10.000 metros cuadrados construidos, con almacenes, talleres, muelles, jardines, enfermería y sótanos de enfriamiento. Dentro de las naves, los granos se limpiaban, tostaban, descascarillaban y trituraban. La pasta se mezclaba con azúcar y canela, se refinaba, se repartía en moldes y descendía a los sótanos para enfriarse antes del empaquetado. Además de tabletas, la compañía producía también café, té, sopas, bombones, napolitanas y otros artículos de confitería.

En 1882, las instalaciones empleaban a 245 personas: 150 hombres, 80 mujeres y 15 trabajadores dedicados a labores técnicas y administrativas. Más de ochenta operarias se ocupaban de envolver las tabletas primero en papel de estaño y después en cubiertas de colores, labor que se convirtió en uno de los espacios con mayor presencia femenina de la factoría. Décadas más tarde, durante la recuperación industrial de la posguerra, las mujeres representaban aproximadamente el 35% de una plantilla que llegó a superar los 500 empleos fijos.

La familia Méric gozaba de gran popularidad en el municipio. Más allá de los muros de la fábrica, apoyó mejoras en el alumbrado, la canalización de aguas, las calles, las escuelas y el matadero municipal. En 1897, los pinteños dieron el nombre de Jaime Méric a la plaza situada junto a la fábrica, y dos años después costearon un busto del fundador que el Ayuntamiento acompañó declarando hijo adoptivo a su hijo Edmundo.

La Guerra Civil interrumpió la producción y las instalaciones fueron utilizadas como almacenes y centro logístico militar. La actividad se recuperó en 1941 tras la venta y reconstrucción del complejo. En 1965 entró en escena López Moltó, que centralizó en Pinto su producción y llevó hasta el municipio marcas como Eureka, Caoflor, Tres Tazas, Blanco y Negro, ABC, Atlantic y Doria.

El 14 de febrero de 2001, coincidiendo con el día de San Valentín, la producción abandonó el emplazamiento histórico frente a la Torre de Éboli y se trasladó a la calle Águilas, en el polígono industrial de La Estación. El centro de Pinto dejó así de oler a cacao después de casi 135 años de funcionamiento. De la antigua fábrica sobrevivieron su gran chimenea y dos edificios, destinados posteriormente a usos municipales y educativos. Dos años después del traslado, la empresa adoptó el nombre de Chocolates Eureka, prolongando una actividad industrial que había comenzado con una máquina de vapor.

La tradición chocolatera de Pinto persiste en iniciativas como la Feria del Chocolate, que se celebra cada septiembre con talleres, degustaciones y recreaciones históricas. También continúa en los llamados "Ombligos de Pinto", un dulce creado con zanahoria que recuerda las antiguas huertas del municipio, cobertura de chocolate en honor a su pasado industrial, y fresa como guiño al histórico ferrocarril entre Madrid y Aranjuez. El nombre procede del latín "umbilicus" y significa centro o punto medio, en referencia a la tradicional consideración de Pinto como centro geográfico de la Península Ibérica.

Preguntas para el debate:

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¿Sabías que Pinto estuvo ligado durante casi 135 años al aroma del cacao gracias a una fábrica que transformó completamente el municipio?

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