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“Retratarte”: la mirada de Carlos del Amor

“Retratarte”: la mirada de Carlos del Amor

El escritor inglés Samuel Butler decía que “un gran retrato refleja más al pintor que a la persona retratada”. Algo parecido podría decirse del trabajo del periodista y escritor Carlos del Amor (Murcia, 1974): en las exquisitas piezas que hace para el telediario de TVE y, en general, en la forma tan particular de narrar los acontecimientos de la actualidad, se ve representada su personalidad y su peculiar manera –literaria, poética– de interpretar lo que acontece. Ese pequeño-gran talento es el de encontrar una belleza escondida a lo rutinario. El tacto con el que elige las palabras, las imágenes, las personas que entrevista… todo ello es capaz de transmitir una elegancia y sensibilidad singulares. Y lo mismo ha conseguido crear en las páginas de su reciente libro, “Retratarte. Cuando cada mirada es una historia” (Espasa, 2022), una nueva saga que, de alguna manera, es continuación del exitoso –más de 100.000 lectores– “Emocionarte. La doble vida de los cuadros”, Premio Espasa 2020. 





En el primer libro nos contaba, al comienzo de cada capítulo, una posible y ficticia interpretación de un lienzo, seguida de una explicación, que trataba sobre detalles puntuales de la vida real de treinta y cinco obras comprendidas entre el Renacimiento y la actualidad. Este segundo sigue la misma estructura, pero da un salto más en delimitar el amplio universo del arte: esta vez solo hablará de los retratos o autorretratos para adentrarse en esa intimidad que tanto le fascina. Del Amor ha seleccionado treinta y seis cuadros y treinta y tres artistas, pues Gustav Klimt y Miriam Escofet se repiten. Los lienzos elegidos abarcan un arco temporal de siete siglos, del XV al XXI. Aquí nadie tiene excusa: hay un trozo del pastel para cada amante de la pintura. La más antigua es el “Díptico del duque de Urbino”, de 1472 y la más reciente, “Su majestad la reina Isabel II”, firmado por Miriam Escofet en 2020. A pesar de que los cuadros sean tan diferentes entre sí y algunos tan lejanos de nosotros, en conjunto nos hablan de la universalidad de las emociones. El amor, las frustraciones, los anhelos, la tristeza: todo tipo de sensaciones que perduran a través de los siglos. La pintura es la gran maestra en demostrar que lo humano permanece. 

Klimt decía que “quien quiera saber algo de [él], como artista digno de interés, debe contemplar [sus cuadros] con atención e intentar reconocer en ellos lo que [es] y lo que [busca]”. Hay un doble sentido en cada cuadro: una cosa es lo que el espectador se imagina delante del lienzo, otra es la historia real de esa pintura. Del Amor juega con esa dualidad. Hay muchas historias no contadas. Como, por ejemplo, el cuadro “Retrato del Dr. Haustein” de Christian Schad, pintado en 1928 –se encuentra en el Museo Thyssen de Madrid– esconde una historia totalmente diferente de la que se puede ver en un principio. A primera vista se percibe un doctor triste y apenado, pero no conocemos la razón de ese abatimiento. Del Amor cuenta cómo la sombra que aparece en el lienzo es la supuesta amante del doctor. Su mujer, tras conocer esa doble vida de su marido, se suicida; varios años después el Dr. Haustein también se quitaría la vida en medio de la persecución nazi de los judíos. Historias como estas recorren el libro: no todas con un final tan dramático, pero sí con ese elemento inesperado que veladamente palpita en cada retrato. 

Con la prosa poética de Del Amor y su “suave brisa” de melancolía, el libro se convierte en un pequeño cobijo para viajar y descubrir la cultura de las pinturas, de sus retratistas y de sus protagonistas, los retratados –o muchas veces los pintores mismos al autorretratarse–. “Retratarte. Cuando cada mirada es una historia” es un pequeño museo portátil con treinta y seis historias para descubrir.