La alergia al polen forma parte del calendario sanitario anual en la Comunidad de Madrid. Cada año, miles de personas experimentan estornudos persistentes, congestión nasal, picor de ojos o dificultad respiratoria coincidiendo con determinadas épocas de floración. Saber qué tipo de polen está activo, en qué meses se concentra y cómo actuar puede ayudar a reducir el impacto de los síntomas.
En la región, los niveles de polen se monitorizan de forma oficial a través de la Red Palinológica de la Comunidad de Madrid, que analiza la concentración de granos por metro cúbico de aire. Esta información permite clasificar los niveles en bajos, medios o altos y anticipar los periodos de mayor riesgo para las personas alérgicas.
Este artículo tiene carácter informativo. Ante síntomas intensos o persistentes, la recomendación es acudir a un profesional sanitario para recibir diagnóstico y tratamiento personalizado.
La Comunidad de Madrid dispone de un sistema oficial de vigilancia aerobiológica que recoge muestras del aire en distintos puntos de la región. Los resultados se expresan en granos de polen por metro cúbico y permiten conocer qué especies están presentes en cada momento del año.
Estos datos resultan especialmente útiles durante la primavera, cuando determinadas plantas alcanzan picos elevados de polinización. Consultar los niveles antes de planificar actividades al aire libre puede ayudar a reducir la exposición en días de concentración alta.
A diferencia de lo que se suele pensar, la alergia no se limita a la primavera. En Madrid, la presencia de polen se reparte a lo largo de varios meses y depende del tipo de planta.
Durante los primeros meses del año, entre enero y marzo, predominan las cupresáceas, como el ciprés y las arizónicas, muy presentes en parques y zonas residenciales. En personas sensibles pueden provocar congestión nasal intensa y estornudos repetidos incluso en pleno invierno.
Entre marzo y abril es habitual el pico del plátano de sombra, uno de los árboles más comunes en el viario madrileño. Su polinización es breve pero concentrada, y puede generar irritación ocular marcada y rinitis intensa, especialmente en la ciudad de Madrid.
En mayo y junio llegan las gramíneas, responsables de una gran parte de las alergias primaverales. Están presentes en parques, jardines y zonas periurbanas, y suelen provocar síntomas más generalizados, desde conjuntivitis hasta dificultad respiratoria en personas con asma.
A comienzos del verano, el olivo puede afectar especialmente a quienes viven en el sur de la región, mientras que algunas urticáceas, como la parietaria, pueden prolongar las molestias durante los meses estivales.
La Comunidad de Madrid reúne varios factores que favorecen la presencia y persistencia del polen en el aire. La abundancia de determinadas especies en zonas urbanas, el clima seco y la contaminación atmosférica pueden agravar la respuesta inflamatoria de las vías respiratorias.
Diversos estudios han señalado que la combinación de polen y contaminación puede potenciar los síntomas en personas alérgicas, haciendo que la exposición resulte más molesta que en otras regiones con menor densidad urbana.
La alergia al polen suele manifestarse con estornudos frecuentes, congestión nasal, mucosidad clara, picor de nariz y ojos, lagrimeo y, en algunos casos, tos seca o sensación de falta de aire. A diferencia del resfriado común, no suele provocar fiebre y puede prolongarse durante semanas mientras exista exposición al alérgeno.
Cuando los síntomas se repiten cada año en la misma época o interfieren en el descanso y la actividad diaria, conviene consultar con un profesional sanitario para confirmar el diagnóstico.
En los días con niveles altos de polen, es aconsejable limitar la exposición directa, especialmente en las horas centrales del día. Ventilar la vivienda a primera hora de la mañana o por la noche, utilizar gafas de sol en exteriores y ducharse al llegar a casa para eliminar restos de polen son medidas sencillas que pueden ayudar.
También es recomendable mantener cerradas las ventanas durante los picos más intensos, evitar tender la ropa en el exterior en esos días y extremar la limpieza de filtros de aire acondicionado.
Estas pautas no sustituyen el tratamiento médico, pero pueden contribuir a reducir la carga de síntomas.
La práctica de ejercicio es saludable, pero en personas alérgicas puede resultar más molesta durante los picos de polinización. Antes de entrenar al aire libre, conviene consultar los niveles de polen y, si son elevados, optar por horarios de menor concentración o espacios cerrados.
Las personas con asma deben seguir especialmente las indicaciones médicas y no suspender la medicación pautada. Si aparece dificultad respiratoria o silbido en el pecho durante el ejercicio, es importante detener la actividad y consultar con un profesional.
En la infancia, la alergia puede confundirse con catarros repetidos. Estornudos frecuentes sin fiebre, picor persistente en ojos o nariz, respiración bucal habitual o tos nocturna recurrente pueden ser señales de sensibilización al polen.
Si los síntomas se repiten cada año o afectan al rendimiento escolar y al descanso, es recomendable acudir al pediatra para una valoración adecuada.
Existen tratamientos eficaces para controlar la alergia, como antihistamínicos, corticoides nasales o inmunoterapia en casos seleccionados. Sin embargo, la indicación debe realizarla un profesional sanitario, especialmente en menores, embarazadas o personas con enfermedades respiratorias previas.
Se debe acudir al médico si los síntomas son intensos, si aparece dificultad respiratoria, si hay empeoramiento del asma o si la calidad de vida se ve afectada de forma significativa.
La alergia al polen es una afección frecuente en la Comunidad de Madrid, pero con información adecuada, seguimiento médico cuando sea necesario y medidas preventivas básicas, es posible reducir su impacto. Consultar los niveles oficiales de polen y anticiparse a los periodos de mayor concentración puede ayudar a afrontar cada temporada con mayor control.