La Catedral de la Almudena fue escenario de una misa funeral en memoria de las 45 víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz, con especial atención a los siete fallecidos vinculados a la Comunidad de Madrid. El acto reunió a familiares y a numerosos madrileños que quisieron acompañar en el duelo a quienes han perdido a sus seres queridos.
La catedral de la Almudena acogió la misa funeral en memoria de las 45 víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz, con especial recuerdo para los siete fallecidos vinculados a la Comunidad de Madrid. Familiares y cientos de madrileños llenaron el templo, acompañando en el dolor a quienes han perdido a sus seres queridos en este trágico suceso.
Durante la ceremonia, el hermano de uno de los fallecidos, Mario, expresó que “dentro del dolor, esto reconforta”, recordando los momentos difíciles vividos por su familia tras la pérdida. La emoción estuvo presente entre los asistentes, que compartieron el duelo y el homenaje a las víctimas.
El acto litúrgico comenzó con las campanas tocando a difunto y la interpretación del Requiem de Tomás Luis de Victoria por la Capilla Vocal de Santa Cruz y Roberto Fresco al órgano. La misa fue presidida por el Cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, junto al obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, y el obispo de Alcalá, Antonio Prieto.
También participaron en la celebración el obispo auxiliar de Madrid, Vicente Martín; el obispo auxiliar de Getafe, José María Avendaño; el obispo emérito de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla; y el obispo emérito de Almería, Adolfo González Montes. Asistieron representantes de la Iglesia ortodoxa griega y autoridades civiles como Isabel Díaz Ayuso, presidenta regional; José Luis Martínez-Almeida, alcalde; y Francisco Martín Aguirre, delegado del Gobierno.
En su homilía, el cardenal Cobo afirmó que “hoy la Iglesia permanece en silencio junto a un pueblo herido”, subrayando que Dios “no es el causante del mal ni de la muerte” y que acompaña al hombre en su sufrimiento. Recordó que Jesús también experimentó dolor ante la muerte y destacó que “la vida no nos pertenece”.
El arzobispo invitó a los presentes a escuchar las palabras consoladoras de Jesucristo: “Hoy estarás conmigo”, dirigiéndolas tanto a los fallecidos como a sus familias. Subrayó que para los cristianos “el paraíso es estar con Cristo” y que “la muerte no tiene la última palabra”, ya que “la última victoria es de Dios”.
Durante su intervención, Cobo puso en valor los gestos solidarios surgidos tras la tragedia e insistió en la importancia del cuidado mutuo: “Cuando compartimos la fragilidad y nos ponemos ante Dios, descubrimos que estamos llamados a cuidarnos unos a otros”. Animó a transformar el dolor en servicio al bien común.
El cardenal concluyó dirigiéndose directamente a los familiares: “No estáis solos; la Iglesia camina con vosotros; que sepáis que siempre contáis con el abrazo de la Iglesia”. Tras finalizar la Eucaristía, el obispo de Getafe rezó un responso por los difuntos como testimonio de fe y esperanza para todos los presentes.