No son capaces de gobernar su partido, ¿cómo van a gobernar un país o un ayuntamiento?. Esta frase empieza a estar presente en el día a día de muchos españoles y, por cercanía, de muchos madrileños.
Las marcas blancas de Podemos se desinflan apenas unos años después de llegar al poder. Su prosa fue buena, su puesta en escena también. La gente estaba harta de paro y corrupción y los jóvenes necesitaban un cambio. Nadie se paró a pensar en que esta gente no quería aportar nada, todo lo contrario.
Pablo Iglesias pidiendo la vicepresidencia, la dirección de RTVE o el CNI fue definitivo para conocer el paño. Profesores de universidad con una experiencia limitada, gente que pasaba por allí con un buen discurso o algún ex político venido a menos que quería volver a la primera plana. No hay más.
Ahora Podemos anda en trifulcas de poder. Ahora Madrid pasa a cuchillo político a sus propios militantes y llueven las críticas entre unos y otros. Les queda la opción Pedro Sánchez. Otro iluminado por la política podemita que quiere subir a al altar con Iglesias. Curioso.
Madrid esta en sus manos y así seguirá hasta que Carmena agote su legislatura. No hay calidad política para quitarla de en medio. El nivel es bajo. El de Madrid, también.