Ucolandia entra en El Vaticano, digo en Ferraz

Ucolandia entra en El Vaticano, digo en Ferraz

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Hace tiempo que no creo en las casualidades, y sí en las causalidades. Que la UCO entre en la sede del PSOE de Ferraz precisamente el día en el que el secretario general del Partido Socialista y Presidente del Gobierno se iba a encontrar con el Papa en Roma, con todo lo que ello significa de propicio para la imagen de Pedro Sánchez, difícilmente puede considerarse una mera coincidencia.

Y conste que elogio y elogiaré tanto a la Unidad de la Benemérita como al juez que está manejando el caso de una presunta, y desde luego no demostrada, financiación ilegal del PSOE. Entre otras cosas.

Es más: sé que me arriesgo bastante al escribir lo que sigue, pero afortunadamente soy solo un periodista y no un juez ni un responsable de Interior. Así que me sitúo en la cuerda floja al afirmar que, en mi opinión y al menos hasta ahora, nada se va a encontrar (ya) en estos registros que pruebe ni la financiación ilegal ni incrimine penalmente a Zapatero o a sus cómplices -y menos a Sánchez-- en las bastante sucias maniobras que el ex presidente ha ejecutado. De la misma manera, sigo jugándomela, que creo que ni Begoña Gómez ni el 'hermanísimo' músico de Sánchez acabarán responsabilizados en causas penales. Quien sueñe con verlos en la cárcel temo que acabará frustrado.

Claro, una cosa son los posibles delitos y otra la indecencia política y moral. Nadie crea que estoy defendiendo la actuación de un Zapatero al que respeté como presidente por lo que hizo para la desaparición de ETA y la consolidación de algunos derechos civiles. O que justifico los trileros manejos monclovitas de Begoña Gómez. O el -presunto, claro- tráfico de influencias real -y creo que quizá no demostrable legalmente- del hermano de Sánchez. Pero, más allá de la estricta interpretación y aplicación de las leyes, creo que hemos llegado a unos límites de inmoralidad pública difícilmente superables. Una situación que requiere ir mucho más allá de que quien ostenta el máximo poder se atreva a seguir mostrando un apoyo a Zapatero que, en el fondo, el ex presidente ya no tiene, porque ya no puede tenerlo.

Sánchez tampoco puede ya acogerse a sagrado desde El Vaticano, refugiándose en la figura prestigiosa del Pontífice, que sin duda se ha visto en un mal trago al ser informado, antes de su encuentro con el mandatario español, de lo que estaba ocurriendo en España: nada menos que un registro policial, con publicidad, a la sede del partido que gobierna El País desde hace casi ocho años (el aniversario se cumple en cinco días, y menudo aniversario). Una especie de "mire Su Santidad lo que ocurre en el país al que gobierna su invitado". Menudo papelón.

Insisto en que, a estas alturas, procuro ni lapidar lo lapidado ni defender lo que es ya por completo indefendible. Uno mi asombro y mi repulsa a los del resto, supongo, de los españoles. Y sumo mi voz, una voz humilde más, a las de quienes exigen que esto acabe de una vez, con elecciones, dimisiones, mociones o/y medidas drásticas de variada especie. Me parece que para casi todos resulta imposible seguir poyando a un Gobierno al que no llamaré cómplice, pero del que sí diré que no se está enterando cabalmente de lo que están haciendo algunos de sus más connotados representantes. Basta de silencios y opacidades. Esto está terminado de hecho, y quien pueda ponerlo -y solo hay una persona que puede hacerlo: ya sabe que ni El Vaticano es su refugio y que hasta allí llega la larga mano de Ucolandia- tiene que poner el punto final.


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